2020/04/20

La transición del absolutismo al liberalismo en la España del siglo XIX

La transición del absolutismo al liberalismo en la España del siglo XIX        2020-04-15
Relato de D. Joaquín Silva Reygosa - Párroco de Santa María de Faramontaos

D. Joaquín-María Silva Reygosa fue abad o párroco de la parroquia de Santa María de Faramontaos del municipio de Nogueira de Ramuín en la provincia de Orense, desde el 31 de enero de 1813 hasta su muerte el 25 de febrero de 1862, siendo natural de Orense donde nació el 16 de julio de 1777.

En un artículo de otro blog explico con más detalle las circunstancias que me llevaron a descubrir los relatos históricos que este párroco incluyó en el libro de bautizados de su parroquia. Simplemente apuntar que buscando antecedentes de un apellido para elaborar un árbol genealógico me encontré los referidos relatos, contados en primera persona de alguien que vivió una transformación tan radical en la vida política del momento, sufriendo las consecuencias de dichos cambios como integrante del estamento clerical. Bien entendido que no aportan ningún conocimiento nuevo, sino la visión que un cura rural tuvo de los hechos acaecidos. Evidentemente refleja la perspectiva de alguien convencido de la legitimidad del absolutismo que veía escandalizado y con horror como la soberanía recaía en el pueblo corrompido por la impiedad y limitado por la incultura. Es especialmente ilustrativo su relato de la desamortización y las consecuencias desastrosas que tuvo, tanto para la iglesia como para el patrimonio histórico-artístico de la nación.


Para leer el artículo completo clicar en "Seguir leyendo" que figura a continuación.

Considerando que el contenido de esas crónicas puede ser de interés para cualquier estudioso de la historia, decidí publicar el texto íntegro de estos relatos. En conjunto tienen una extensión de unas 35 páginas, que he trascrito con la dificultad natural de interpretar la letra manuscrita, no siempre fácil para un profano como yo, aunque hay que precisar que en general es bastante legible. He corregido la ortografía del texto e incluido modificaciones en la puntuación y alguna conjunción, que no tienen otra finalidad que facilitar y agilizar la lectura, sin alterar en lo más mínimo su contenido. Por lo demás he respetado la literalidad de las palabras y expresiones originales, excepto unas pocas, que creo no exceden de la decena en todo el texto, de las que he sido incapaz de descifrar su significado, pero que considero no alteran en absoluto el contenido trascrito.

D. Joaquín Silva refleja en sus crónicas la personalidad de un clérigo relativamente culto y con inquietudes, que lee la prensa del momento, estando suscrito a los diarios madrileños “El Castellano”, de tendencia liberal moderada, y “El Católico” de inspiración religiosa, ambos editados en Madrid. Es minucioso, detallista y trabajador, como lo demuestra la forma de llevar sus libros parroquiales con índices y resúmenes que no he visto en ninguna otra parroquia. En sus descripciones se muestra apasionado, con calificativos muy expresivos para referirse a ciertos personajes liberales exaltados que le repugnan, y a situaciones que ve tremendamente injustas con la religión y el clero en general.

El que quiera conocer algunos otros detalles del origen de este relato y del autor del mismo puede leer el artículo publicado en el blog “Lembranzas de Armariz”, cuyo link es el siguiente:

Joaquín-María Silva Reygosa – Párroco de Sta. María de Faramontaos

El libro de bautizados comienza cada año con una estadística de los vecinos, almas y niños que aún no han comulgado, desglosados entre los distintos lugares de la parroquia. Indica cada año el papa del momento, y el obispo de la diócesis de Orense con algunos detalles de su origen y antecedentes. De igual manera precisa quien reina u ostenta la regencia en cada año concreto. Relaciona a continuación los clérigos residentes en la parroquia, y los originarios de la parroquia que desarrollan su actividad en otros lugares o monasterios.

En cada año hace un resumen del año anterior. En los primeros años su contenido no pasa de unas pocas líneas, siendo a partir de 1835, al tomar conciencia de los cambios que se están viviendo después de la muerte de Fernando VII, cuando va profundizando en su contenido. La indicación de los años, como título de cada capítulo es relativa, ya que él se refería a los hechos del año anterior. Para orientar un poco más el contenido, he alterado este detalle, indicando el año al que normalmente se refieren los hechos, pero son meramente orientativos, dando las propias fechas del texto la datación exacta de los acontecimientos.

Año 1824
Habiéndose confundido, disuelto y acabado por las armas el gobierno constitucional y popular en 1823, y restituido al trono el rey Fernando VII, volvieron las cosas a su antiguo estado, y los monjes a sus monasterios. (véase el folio 17)

Año 1825

Este es año de Jubileo en Roma, siendo Sumo Pontífice León XII.
Obispo de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago.
Reinando en España el Sr. D. Fernando VII de Borbón, reconocido Rey absoluto y soberano hereditario, sin dependencia del pueblo y con autoridad inmediata de Dios.

Año 1826
En este año de 1826 gobierna la Iglesia universal el Sumo Pontífice León XII, y el obispado de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago, natural de Redondela en Tuy, y reina en España el Señor D. Fernando VII

Año 1829
Muere León XII en marzo, siendo elegido en abril Pío VIII
Habiendo muerto León XII que gobernaba la Iglesia en marzo de este año, fue elegido por su sucesor en abril Pío VII, y el obispado de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago, natural de Redondela de Tuy, desde marzo de 1819, y reinando en España el Sr. D. Fernando VII desde 1808.

Año 1830

Fernando VII, casado por 4ª vez con Doña Cristina de Borbón, hija de los reyes de Nápoles.
En este año gobierna la Iglesia universal el Sumo Pontífice Pío VIII desde abril de 1829. Y la Iglesia y obispado de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago, natural de Redondela de Tuy desde 1819, y reina en España el Sr. D. Fernando VII desde 1808, casado por cuarta vez en diciembre de 1829 con la Sra. Dña. María Cristina de Borbón, hija de los reyes de Nápoles.

Año 1831

En este año gobierna la Iglesia universal el Sumo Pontífice Gregorio XVI, antes Cardenal Cappellari, elegido papa en 28 de enero de 1831 por muerte de Pío VIII quien reinó 20 meses solamente.
El obispado de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago natural de Redondela en Tuy desde marzo de 1819, y reina en España el Sr. D. Fernando VII desde 1808.

Nota:

La cosecha de 1830 fue abundantísima - Llegó el diezmo de centeno sin el noveno y para dinero a 128 fanegas. Por esto, y escasear mucho el dinero, se vendió a 3 rs. el ferrado y el maíz a 4 rs. Serán diferentes del año 1812 en que se vendió el centeno a 35 rs el ferrado y no fue año escaso. Pero como desde 24 de marzo de 1831 hasta el 2 de junio lloviere diariamente, helara y granizase, el centeno llega en junio a 5 rs. y el de maíz a 7 rs. Esta primavera tan extraordinaria, y que nadie la recuerda peor, impidió sembrar los frutos servendos (frutos tardíos o atrasados) hasta junio y se concluyó en 11 de ese mes.
Nota: rs. = reales (moneda)

Año 1832 – No constan hechos

Año 1833

Este año es el cuarto que gobierna la iglesia universal el Sumo Pontífice Gregorio XVI.
El obispo de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago, nacido en Redondela de Tuy, desde marzo de 1819.
Y habiendo muerto el Sr. D. Fernando VII de edad de 49 años, le sucedió en el reino su hija mayor la Sra. Dña. Isabel II de 3 años de edad, siendo su tutora, curadora y gobernadora del reino su madre, la Sra. Dña. Cristina de Borbón, por el testamento del rey, hasta los 18 años de edad.

Año 1834

Reina en España la Sra. Dña. Isabel II, de edad de 4 años, desde 1833, gobernando en su nombre su augusta madre la Sra. Dña. María Cristina de Borbón, viuda del Sr. D. Fernando VII.
Amnistía a los liberales, sublevación de los carlistas, gobierno de los liberales, vuelta a las políticas de 1812 y 1820.
La Regente nombra ministro a Martínez de la Rosa.
Nombra Junta para la reforma del clero secular y regular.
Se convocaron Cortes para el 20/07/1834.


Año de 1835


Este año es el sexto que gobierna la iglesia católica el Sumo Pontífice Gregorio XVI, y el obispado de Orense el Ilmo. Sr. D. Dámaso Iglesias y Lago, natural de Redondela en Tuy, consagrado en Santiago el 14 de marzo de 1819. Reina en España la Sra. Dña. Isabel II de edad de 5 años, desde septiembre de 1833, gobernando en su nombre su augusta madre la Sra. Dña. María Cristina de Borbón, viuda del Sr. D. Fernando VII.

El Sr. D. Fernando VII, casado por cuarta vez con la Sra. Dña. María Cristina, su sobrina, hija de los reyes de Nápoles, de quien tuvo dos hijas. Después de haber revocado la Ley dada por Felipe V de que no heredaran las hembras, enfermó gravemente en el primero de octubre de 1832, y siguiendo en sus dolencias, en 6 de noviembre del mismo año encargó a su esposa la regencia del reino.

La reina, en el siguiente mes de diciembre, publicó una amnistía o perdón general a todos los liberales que tuvieron parte en la sublevación militar de San Fernando de Cádiz en enero de 1820, en que restableció la constitución de las Cortes de Cádiz de 1812, y a los que se comprometieron mientras rigió que fue hasta primero de octubre de 1823.

De los liberales, los más se habían extrañado y otros que se quedaron estaban excluidos de todo empleo y muy observados por las autoridades y un cuerpo de 200.000 realistas armados que sostenían al rey y soberanía absoluta. Todos los extrañados volvieron al reino, y la reina depuso a todos los capitanes generales de las provincias y puso liberales que al momento desarmaron a todos los realistas, y el partido de éstos empezó a decaer.

Murió el rey en 29 de septiembre de 1833. Al momento se sublevaron los navarros y provincias vascongadas, proclamando por rey al Infante D. Carlos, hermano del rey que se creía con derecho a la corona y se puso a su frente. La reina gobernadora, desconfiando de los realistas se fio de los liberales, que se apoderaron del gobierno, y de todos los empleos, y ya desde entonces se presintió se renovarían las novedades políticas y religiosas de las dos épocas anteriores.


Año 1835


En efecto, a la muerte del rey nombró la Gobernadora un ministerio, de liberales llamados moderados, Martínez de la Rosa, conde de Toreno, Gavelli, Moscoso y otros. Luego salió una orden nombrando una junta de algunos obispos y prebendados y se le señalaron bases para la reforma del clero secular y regular, la que se sujetaría a la aprobación del Papa. Luego también se dispusieron Cortes para estamentos, y solo en la cámara de los próceres había algunos obispos, y se convocaron para el 20 de julio de 1834.

Por este tiempo afligía a España la terrible peste del cólera morbus, o más bien “colera Dei”. En la noche del día 16 de julio de 1834 acometió la Corte. Al amanecer del 17 habían muerto ya más de 1.000 personas. Los enemigos de los regulares corrieron la voz de que los religiosos envenenaran las aguas de las fuentes y que causaran tal mortandad. Con esto se desencadena el populacho y algunos soldados y entran a degüello en el colegio de los jesuitas, dominicos, mercedarios y otros y a la noche con los franciscanos. matando 60 que había, y en todos subió de 150, extendiéndose a otros seculares, subió entre todos a otros mil muertos. El gobierno desaprobó el atentado, mas como no se castigó, lo hizo Dios diezmando a Madrid con la peste que siguió.

Se abrieron las Cortes templadas con el equilibrio de las dos cámaras y el poder real, mas esto no gustaba a los liberales exaltados, y así promovieron en julio de 1835 una sublevación de las provincias del reino, empezando el 5 de julio en Barcelona en que el populacho se lanzó a los conventos, quemando algunos y asesinando los religiosos, de suerte que los restantes tuvieron que retirarse al castillo de Montjuic. De allí a pocos días salieron todas las monjas, y algunas y religiosos se fueron a Roma. Siguió esta persecución en Tarragona, Reus, Zaragoza y otros pueblos, y de todos se pedía a la reina rápidas reformas políticas y religiosas.

El 25 de julio de 1835 salió el decreto suprimiendo novecientos y tantos conventos de religiosos cuyo número bajaba de 12, reuniéndolos a otros. En este obispado tocó a Sto. Domingo de Orense, Bernardos de Espadañedo, y Mercedarios de Verín. La Junta eclesiástica de reforma se deshizo de suyo, viendo no se hacía caso de sus trabajos, por lo que pidió varias noticias a los obispos, y algunos por no darlas fueron desterrados. Ya lo había sido antes V. Vélez, capuchino arzobispo de Santiago, y luego el de Mondoñedo.


Año 1936

En vista del levantamiento de todas las provincias del reino, que no obedecían al gobierno, y formaban Juntas que gobernaban, el Conde de Toreno, asturiano, que en todas las tres épocas de la Constitución se distinguió por su liberalismo, y era Ministro de Hacienda y Presidente del Consejo de Ministros, publicó un manifiesto en nombre de la Reina Gobernadora desaprobando los excesos de Barcelona y más pueblos con los religiosos, y mandando bajo graves penas deshacer las nuevas Juntas de Gobierno de las provincias; mas éstas se sostuvieron. Para cortar esta escisión, se mudó el Ministerio en septiembre de 1835, entrando de Ministro de Hacienda y Presidente del Consejo de Ministro D. Juan Álvarez Mendizábal, a quien la voz común y algunos periódicos marcaban judío de religión, el que estaba había años avecindado en Londres con casa, comercio, y casado, según voces, con una judía. Sus principios fueron de cajero de un comercio de Cádiz, uno de los promovedores de la insurrección de 1820, y por ello sentenciado a muerte por la Audiencia de Sevilla en 1824. Nada tenía que esperar de él la Religión.

A su entrada echó un velo sobre el levantamiento de las provincias con un perdón general y disponiendo que las Juntas que eran de gobierno, se titularan de “Armamento y Defensa”, para activar la guerra contra el infante D. Carlos. En 27 de octubre de 1835 se suprimieron todos los monacales ofreciéndoles 5 rs. de pensión, y entra el populacho de algunas ciudades pidiendo la exclaustración de los demás Institutos religiosos. Los religiosos temerosos del degüello que se susurraba y sucediera en otras partes, y no hallando apoyo en las autoridades, antes éstas se decía tenían instrucción para promover la exclaustración, y aun la aconsejaron en unos conventos, y a otros les intimaron saliesen. Alegando temores que podían disipar, fueron abandonando su asilo religioso, saliendo unos a sus casas si hallaban acogida, otros tomando posadas, precisados todos de dejar sus hábitos y vestir hábito clerical secular.

El Colegio de Misioneros Franciscanos de Erbón, del que salían parejas todos los años a todos los obispados de Galicia, y hacían al año seis u ocho misiones en cada uno en diferentes partidos, y han hecho aquí en 1825, causando en todas partes efectos y conversiones admirables, fue desocupado en octubre de 1835. Los franciscanos de Orense en número de 50, que era el refugio espiritual de la ciudad y muchas leguas en contorno, fueron echados en 5 de diciembre del mismo año, y así fueron desapareciendo los más hasta el 8 de marzo de 1836, en que D. Álvaro Gómez Becerra, Secretario de Gracia y Justicia, y compañero de Mendizábal, comunicó un larguísimo decreto, suprimiendo todas las Religiones de España (ya en Portugal hiciera los mismo el impío D. Pedro, ex emperador del Brasil, de donde fue echado), ofreciéndoles 5 rs.a los de Misa, tres a los no ordenados “in sacris” y legos, y ambas clases sujetos a sorteos. Y respecto a las monjas suprimiendo los conventos que bajasen de 20, y o que se reuniesen a otros, o se fuesen a sus casas con 4 rs diarios, declarando bienes nacionales de todos los conventos, y que se dieren a las monjas en clausura 3 rs.

Hay que advertir que en todas épocas de los liberales se prohibía dar hábitos, ordenar clérigos y proveer prebendas. Como si no bastase no dar hábitos, y escasear la corta pensión a las monjas para reducir sus conventos, que algún Gobernador Militar o autoridad hacían desocupar el convento que les parecía, o para cuarteles, o puntos de defensa, y así se vio en Santiago reunir en S. Payo las carmelitas, dominicas y mercedarias.

En abril de 1836 se retiró el Ministerio de Mendizábal y compañeros, y eligió la reina otro de liberales moderados de Isturiz, Alcalá Galiano y otros. Disueltas las Cortes primeras, se procedió al nombramiento de otras por elección directa. Los elegidos no fueron del gusto de los exaltados, y antes que se reuniesen, excitaron otra conmoción, empezando la Andalucía a proclamar la constitución de Cádiz de 1812, a quien imitó Cataluña, Extremadura, Zaragoza y otros pueblos.

El Gobierno desaprobó tal conducta y se procuraba no cundiese a Madrid; mas como la reina se hallase en La Granja, sedujeron los sargentos de 8 compañías de la Guardia Real, y en la noche del 13 de agosto de 1836 se sublevaron, fueron a su Palacio, y la obligaron a jurar y proclamar dicha Constitución, y nombrar otros Ministros exaltados, y de Hacienda al mismo Mendizábal. (Motín de La Granja).

Se proclamó la Constitución de 1812 en todo el reino, y como ésta no admite sino el Congreso de Diputados, quedó sin efecto la elección hecha, y se procedió a nueva elección según sus artículos, y empezaron las Cortes en diciembre de 1836, con diputados por la mayor parte poco instruidos, y cuya mayoría (apoyaba) a Mendizábal y sus acólitos. Como faltaba el contrapeso de la 2ª cámara, luego se previó habría muchas novedades. En 6 de octubre de 1836 se mandó inventariar y depositar la plata de las iglesias del reino, dejando únicamente la absolutamente necesaria y de menor valor, para librarla de las manos de los carlistas, aunque nadie lo creyó. En este obispado se recogían cálices, cruces parroquiales, incensarios, viriles, lámparas, cruces. Aparecieron robadas varias iglesias rurales, y se alteraron los ánimos, temiendo se llevara de vez la plata, y para sosegarlos, dispuso el Jefe Político se inventariase y depositase, afianzándola el cura y los más pudientes.


Año de 1837

Cuando la reina mandó en 13 de agosto de 1836 proclamar la Constitución de Cádiz del año 1812, fue condicionalmente con las reformas que las Cortes tuviesen a bien hacer en ella; y habiéndola retocado, en 8 de junio de 1837, publicaron la nueva Constitución titulada de 1837, la que se hizo leer en las iglesias, y jurarla. Muy luego pidió Mendizábal a las Cortes se le autorizase para vender para gastos de la guerra la plata de las iglesias, y atendiendo aquellas a que su valor era más extrínseco que intrínseco, lo negaron. Entretanto se vendía la plata de los conventos, el hierro, y en últimos del año las campanas todas de los mismos, rematadas en Madrid a 230 rs. el quintal. Ya antes algunos periódicos apuntaron claramente que para que los pájaros no volviesen al nido, era el mejor medio destruirlo.

El mismo Mendizábal mandó vender los conventos, y no habiendo quien los comprase, se deshiciesen, se vendiesen los materiales, y el terreno. Para realizarlo se nombró una Junta Superior en Madrid titulada de Demolición de Conventos, para que ejecutase la orden en la provincia de Madrid, y nombrase juntas subalternas en las ciudades que hiciesen lo mismo con los conventos de su distrito. En la Corte ya van deshechos varios, como en otros pueblos, y a principios de este año ya se habían vendido quinientos millones de bienes de frailes y monjas, y se sigue. Mas no siendo esto bastante, acudió el mismo Mendizábal a las Cortes pidiendo la abolición total del diezmo y primicia, y en las mismas Cortes dijo un diputado se habían impreso diez mil ejemplares de la exposición de dicho ministro, que como una tea incendiaria corría por todo el reino, enfriando la paga de diezmos con tanto como los desacreditaba.

Hubo discursos victoriosos en que se sostenía su paga, mas al cabo fue abolido el diezmo y primicia en 27 de junio de 1837. Al cabo de ocho días pidió el mismo ministro se aplicase el diezmo del propio año para la guerra, y las Cortes decretaron que los intendentes, lo había en Orense, arrendasen todo el diezmo y primicias, aplicando mitad a la Nación y que diesen la otra mitad a una Junta que llamaron Diocesana compuesta del Jefe Político, Intendente, un individuo de la Diputación Provincial, el Obispo o su Delegado, un representante del Cabildo catedralicio, dos curas nombrados por los de su clase, un partícipe lego, y otro por las demás corporaciones y personas que hubiesen parte en el diezmo (Decreto de 16 de julio de 1837). El oficio de esta junta de cinco legos y cuatro laicos se reducía a repartir el producto del medio diezmo entre los que participaban antes de él, ya laicos ya seculares. En 15 de agosto del mismo año se empezaron los arriendos de diezmos y primicias en Orense, y raro cura pudo conseguirlo, porque los paisanos los subieron y tuvieron que entregarles el centeno, primicias y más frutos recogidos del mismo año. Si llego a otro año diré la congrua que nos toca.

Las mismas Cortes constituyentes de 1837, no contentos con que los regulares hubiesen sido echados de sus conventos por decreto de 26 de julio del mismo año, abolieron todas las religiones de ambos sexos, dejando las monjas en los conventos que no bajasen de doce, y con muy corta pensión y mal pagadas.

Como el infante D. Carlos, pretendiente a la corona, se presentase cerca de Madrid con un ejército en 11 de septiembre, y la Corte se pusiese toda en alarma, creyó Mendizábal era la ocasión oportuna de renovar su petición a las Cortes de vender todas las alhajas de las iglesias, excepto las totalmente indispensables y de menor valor, lo que le fue concedido. Hay que advertir que por el decreto de 6 de (septiembre) de 1836, no solo se había mandado inventariar y depositar la plata, sino también conducirla a puntos fortificados. Y así la de Santiago fue a la Coruña, y la de las (Carmelitas) y Milagros; la de Orense la afianzó el Cabildo, y aun subsiste en últimos de 1837, y con la de otras iglesias pagaron en plata martillada dos meses de sueldos al ejército del Norte, que estaba en Logroño e inmediaciones.

Ya tenemos en mediados de setiembre abolidas todas las religiones, declarados nacionales todas sus casas, bienes, rentas, y cuanto les pertenecía del diezmo y primicia abolidos, y declarados nacionales todos los bienes, diestros, rentas, y cuanto poseía la Iglesia, excepto únicamente el palacio del obispo y las casas rectorales y huerta unida a ella. Ya se despojó a las iglesias de lámparas, ricos cálices, y más alhajas de oro y plata, y solo restaba pegar con el clero. Y para reformarlo se nombró una comisión de nueve individuos, los que en 19 de mayo presentaron el proyecto de ley de reforma, que se detuvo hasta agosto y septiembre, en que se vio y discutió. A pesar de elocuentes y fundados discursos, fue aprobado en últimos de septiembre, y remitido a la reina para su sanción, la que detuvo hasta el 16 de diciembre de 1837, que la negó por decreto que copio.

“Movida de razones a que mi convicción no ha podido resistir, he creído conveniente al bien público no dar mi sanción a la ley votada por las últimas Cortes (se cerraran poco antes las que la votaran) para el arreglo del clero. Pero apreciando como es debido los motivos que las cortes tuvieron para procurar este arreglo, muy conforme con el voto casi general (de liberales) de que se asegure la dotación del culto y de sus ministros, (dotados estaban si no se aboliera el diezmo, y no se le privase de sus diezmos y rentas), sin dejarlos expuestos al abandono por accidentes que puedan prevenirse, moderándolo sin embargo de modo que no ofrezca ni el espectáculo de una opulencia tan repugnante al espíritu de la iglesia, como al triste estado de la riqueza pública, ni la señal de humillante de la indigencia que desautoriza y degrada. Deseosa además de que el número de ministros se ponga en la conveniente relación con las necesidades de los fieles, que se determinen sus cualidades y circunstancias relativas, habida consideración al bien de la Iglesia, y del Estado, y que tomando este por guía se eviten medidas irritantes y controversias, que no son de razón ni de conveniencia, preparándose por medio de disposiciones transitorias, que preserven los legítimos derechos e intereses existentes, el paso gradual e insensible a la completa reforma, vengo como Reina Gobernadora en decretar lo siguiente:

1º - Se creará una Junta encargada de presentaros con toda la brevedad, que el extraordinario estado del clero reclama, un Proyecto de Ley para el arreglo del culto y de sus ministros, formado sobre los principios que van indicados. Este proyecto contendrá las disposiciones transitorias, de que se ha hecho mención.

2º - Haréis que pasen a esta Junta todos cuantos datos posee el gobierno, que puedan conducir al buen desempeño del encargo.

3º - Esta Junta, cuyos trabajos serán gratuitos, se compondrá de los cuatro senadores M. RR. Arzobispos electos de Toledo y Valencia, R. Obispo electo de Zamora, de D. Nicolás María Garelli, y de los dos Diputados D. Manuel Barrio Ayuso y D. Pablo Govantes, tendréis lo entendido y lo comunicaréis a quien corresponda.

Está rubricado de la Real mano en palacio a 16 de diciembre de 1837.
A D. Pablo Mata Vigil, (Secretario de Gracia y Justicia Asturiano)”.


Por dicha del clero, en último de septiembre el Ministro del Mendizábal y compañeros liberales exaltados, que habían subido al poder por la sublevación militar de la Granja en 13 de agosto de 1836, cayó de él a petición de 72 oficiales con una división en Caravaca junto a Madrid. Le sucedió otro ministerio de moderados, de los que era Secretario de Gracia y justicia el Sr. Mata Vigil, que aconsejó a la Reina negase la sanción al arreglo del clero herético y cismático, y que acabaría de pronto con el clero y religión católica, como puede verse en el proyecto que uno aquí con unas cortas citas, el que fue aprobado con muy pequeñas variaciones.

Las Cortes populares, (como las de Cádiz) llamadas Constituyentes, porque reformaron la Constitución de 1812, y empezaron en noviembre de 1836 y acabaron en octubre de 1837, no merecieron la aprobación de los periodistas, ni aun de los exaltados, en puntos a abolir el diezmo y arreglo del clero que graduaron de impolítico e importuno.

En 19 de noviembre de 1837 empezaron otras Cortes según la nueva constitución compuestas de dos cámaras de Diputados y Senadores, siendo su mayoría de liberales moderados. Si Dios nos da vida otro año daremos noticia de sus disposiciones sobre congrua del clero, de que no han provisto para el año 1838.

Nota. En 1º de diciembre de 1837 se expidió por el Ministro de la Gobernación una orden mandando a los curas añadir algunas clausulas a las partidas de bautismos, matrimonios y difuntos, lo que haré en adelante desde 1 de enero de 1838.
Anexo de El Castellano extraordinario de 22/06/1837 con el proyecto de ley sobre reforma y arreglo de clero presentado por la mayoría de la comisión.
Constan anexas notas de D. Joaquín Silva donde se pregunta: ¿El arreglo atenta esencialmente contra el dogma? – Contesta: Sí, en cuatro puntos (desarrolla su argumentario).
Expone “Advertencia para el caso de aprobarse dicho arreglo”


Año 1838


Estado Político del Reino

Al principio de este año sigue la guerra civil, (que empezó en octubre de 1833), con un encarnizamiento asombroso, y cada día traen los periódicos centenares de muertes por ambos partidos. Como al principio no daban cuartel los defensores de Isabel II a los de D. Carlos, éstos hacían lo mismo, lo que horrorizó tanto a las naciones, que los ingleses enviaron al Lord Elliot, y viéndose con los dos generales en 1835, se hizo un tratado, y convinieron en dar cuartel en Navarra y provincias vascongadas, donde era su principal teatro, pero no en lo restante de España, y después se extendió el tratado a Aragón, Cataluña y Valencia, después de cansados de matar. En el año próximo clamaron muchos periodistas liberales que era preciso hacer la guerra a muerte para acabar el partido opuesto.

Se empezó en la Mancha y se extendió a Aragón, Valencia y Murcia. Volvieron a conmoverse las naciones de tanta carnicería, y a principios de este año llegaron dos lores ingleses al cuartel de D. Carlos en Azcoitia de Guipúzcoa, y se presumen vienen a mediar sobre tanto derramamiento de sangre. Preguntarán los venideros ¿por qué en cinco años de guerra no se avienen las partes? Responden los periodistas. Si no hubiese guerra más que por si ha de mandar Isabel II o D. Carlos, era muy fácil avenirse, pues casándose Isabel con el hijo de D. Carlos, pleito concluido; mas no está la manzana de discordia sino en la forma de gobierno. La madre de Isabel se puso en manos de los liberales, que quieren por tercera vez el gobierno representativo, y la soberanía nacional; y D. Carlos ve que con tal gobierno se arruina la Nación y la Religión, y quiere el gobierno absoluto como sus antecesores; y como entre estos dos principios no hay medio, nadie cede y creen que no puede haber paz, sin que un partido acabe con el otro.

El estado miserable en que se halla España en el día, lo describe el periódico liberal El Castellano de 7 de enero de este año que uno aquí. (No aparece El Castellano que dice que incluye aquí)

El estado de la guerra en el día es el siguiente. Don Carlos en las provincias vascongadas y Navarra con 30.000 hombres, según el mismo Castellano sin las plazas de Vitoria, Pamplona, Irún, Fuenterrabía, Pasajes, San Sebastián, Bilbao, Portugalete, Santoña y Santander. Frente a él, el general Espartero con mayor ejército, llamado del Norte. El del centro abraza Aragón y Valencia a las órdenes del general Van-Halen, hijo de un extranjero, cristino, y en los mismos reinos el general carlista Ramón Cabrera sin más plazas que Morella y Cantavieja. El de la izquierda abraza a Cataluña con su general cristino Barón de Meer con todas las plazas menos Berga, donde reside el General Carlista Conde de España. En Castilla y la Mancha hay algunas partidas carlistas insignificantes. Asturias, Extremadura y Andalucía están sosegadas. En Galicia hubo algunas partidas carlistas hacia Burón, obispados de Mondoñedo, Lugo y Santiago, que van casi concluidas. En Orense hubo una el año pasado hacia Portugal que fue deshecha por la tropa de la reina.

Estado Religioso


Los religiosos siguen exclaustrados, y como la guerra absorbe las contribuciones ordinarias y extraordinarias, y no llega, consume también las rentas de ellos, y no les pagan hay dos años la asignación de 3, 4, y 5 rs. diarios que se les prometieron, y así perecen algunos de necesidad. Sus bienes siguen vendiéndose y en el último noviembre traían los periódicos iban vendidos por valor de 758.887.000 rs que dieron por 14.257 piezas que estaban rematadas.

Como se dispuso hacer algunas fortificaciones en los pueblos, se prefieren los conventos, otros se reducen a cuarteles como el de S. Francisco de Orense, donde deshicieron las celdas. En las aldeas están abandonados, como S. Esteban, donde se aloja la tropa de tránsito, y ésta y los paisanos queman y llevan puertas y ventanas, cerraduras, bisagras, y lo que quieren, pues las rejas de hierro y balcones se llevaron a Orense y se vendieron, y como no se retejan, se irán arruinando por sí, fuera de los muchos que se venden en las capitales y se deshacen.

Los obispos, cabildos y curas siguen empobreciendo y minorándose. Hay muchos obispados vacantes, y aunque la Reina los provee, como Roma no la reconoce, no expide las Bulas. El Gobierno obligaba a los Cabildos a nombrar gobernadores a los electos, y como las facultades de los Cabildos, que tienen por el Concilio, y para nombrar no excede de ochos días, en ellos nombraban Provisores, y ya después no podían nombrar los electos. Mas el gobierno apretaba, los electos se intrusaban, algunos cabildos cedían, otros se resistían como el de Oviedo y eran presos y desterrados y resultaba un cisma, como hubo en muchas diócesis, y en Oviedo había el año pasado trescientos sacerdotes sin licencias que se les acababan, y no querían recibir del intruso ni podían. En 1837 salió a luz el Amigo de la Religión, quién citaba a cuatro constituciones pontificias por las que están prohibidos los obispos electos de ingerirse a gobernar los obispados para (los) que son elegidos, pena de nulidad de la elección, y de cuantos actos ejerzan. A últimos de dicho año salió a luz el periódico la Voz de la Religión, quien esforzó más dichas constituciones, copiando Breves al caso y hasta de España, en que los Pontífices anularon tales nombramientos de gobernadores en los electos, y al cabo, en mediados del año anterior, se templó el gobierno y dejó a los Cabildos en libertad.

Otros obispos están desterrados, como el (Excmo.) Cardenal Arzobispo de Sevilla, el de Santiago en Menorca, su auxiliar en el Ferrol, donde murió; y el de Palencia, después de haber estado preso en las cárceles de Burgos y Madrid; otros emigraron a Francia; otros se fueron junto a D. Carlos, como el Arzobispo de Cuba, y los obispos de Mondoñedo, León y Orihuela; otros fuera de las capitales, viviendo en lugares como el de Valladolid, natural de la Aguada, y el de Guadix que fue el último secretario de Su Eminencia en Orense, después de estar tres semanas en la cárcel, por no entregar 200.000 rs. que una junta revoltosa le echó de contribución.

Hay cinco años se prohibió provistar más prebendas que las cuatro de oficio y el Deanato; hay dos años se extendió la prohibición a todas; y como los más de los electos para canónigos son de bastante edad, los cabildos se renovaban a menudo, y así es que van quedando en esqueleto, aumentando la mortandad por los sustos y pesares que reciben unos en destierros, otros en cárceles, otros por falta de medios para su vejez y achaques, y algún otro fusilado.

Hay tres años se prohibió provistar curatos, a no ser que el jefe Político, con el obispo, los contemplen necesarios, a fin de hacer una reforma, suprimiendo unos para unir a otros; y a los provistos en las últimas resultas del concurso, no se les libró cédula o título en la Cámara, ni se les dio institución canónica, y están como tenientes sujetos al arreglo que se haga, y así no se abre concurso, aunque los legos presentan sus curatos, y sacan pase del Jefe Político y se atitulan, aunque no todos. Hay pues muchísimos curatos vacantes, y de los monacales se mandó por el Gobierno que los obispos atendiesen a los Regulares para las vacantes con el fin de ahorrar la pensión de la Nación; casi se llevan la mitad de ellas, que pretenden los jóvenes que aun eran colegiales y estudiaban, por lo que no pueden estar muy servidas sus feligresías.

Bajo el régimen constitucional está el clero privado de su fuero y sujeto a los tribunales seculares y militares. Donde hay partidas de carlistas padecen mucho, porque sus jefes se van a casa de los curas y (eclesiásticos), y como siempre se tuvieron por desafectos al liberalismo, son frecuentemente arrastrados a las cárceles comunes y confundidos entre todo género de delincuentes, procesados, echados a presidio, desterrados, sujetos a garrote, o a ser fusilados. Como en el año pasado hubo una partida de ellos hacia Puentedeba, Rande, Celanova, Ginzo y Allariz, declaró el general cristino estos partidos en estado de sitio, es decir, que se suspende la autoridad civil, que reasume la militar, y se juzga por un Consejo de Guerra. Se vieron varios eclesiásticos en la cárcel, y traer una partida a un cura casi septuagenario desde la Raya de Portugal a pie y los brazos atados atrás. Las gentes que lo ven pierden el respeto a los eclesiásticos y la veneración debida a los sacerdotes de la verdadera religión. Atando así las manos a los Pastores, que ni pueden corregir ni aun pecados públicos y otros excesos, ni apurar al cumplimiento Pascual sin exponerse a una venganza y calumnia que le arrastre a un calabozo, y le precise para justificarse gastar miles de rs. Por la libertad que los pueblos se toman es más difícil gobernar ahora la mejor Parroquia que lo era antes la más mala.

Dotación del clero y culto
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Arrendados en 1837 los diezmos y primicias por la Junta de Orense, se graduaron los curatos en tres clases, de entrada, ascenso y término. A mí como de ascenso me dieron en últimos de aquel y entrada de 1838 la congrua de 2.400 rs., sin los diestros y rentas, y por la fábrica 250 rs., y así a proporción.

En febrero de 1838 presentó a las cortes, formadas de los estamentos según la constitución de 1837, un proyecto de ley para dotación del clero y culto. Pedían otro año de diezmo y primicia, quedando para la nación la tercer parte, y que de las otras dos se sacase para el culto, clero y para pagar mitad de la asignación de los frailes, y casas de beneficencia que se atendían antes con el diezmo, como en Orense el Seminario a que se contribuía con el uno por ciento de los diezmos, el colegio de expósitos que se sostenían con la décima que el economato se recibía de los curatos vacantes, y la Casa del Niños expósitos que para su lactancia contaba con la 3ª de los mismos curatos vacantes, ambos colegio y casa fundados, como el Seminario, por el Excmo. Cardenal de Quevedo.

La Comisión de Cortes compuesta de nueve Diputados no presentó el informe que se le encargó hasta el mes de mayo, dividiéndose en tres pareceres. El de mayor número convino se destinase a dicho fin todo el diezmo y primicia; el segundo que se destinase la mitad de ambas cosas; y el tercero que era el menor, que siguiera el diezmo y primicia abolidos y que para el culto y clero se echase una nueva contribución. Se empezó en junio la discusión por el tercer parecer, en que se renovó por los que lo defendían cuanto se alegó para abolirlo el año pasado, y al cabo se desaprobó por la mayoría de votos, en atención con especialidad a que con más gusto se pagaría el diezmo que una contribución. Se pasó al examen del medio diezmo, y se desechó también por insuficiente, aunque con corta mayoría de votos, y al fin se aprobó el primero del diezmo entero, nombrando una Junta en cada diócesis para arrendarlo y repartirlo, siendo la tercera parte para la nación, y las dos restantes para el prelado, cabildo, curas, dar la mitad de su asignación a los regulares, participes legos, y atender a los más objetos de beneficencia. La Junta se componía del intendente, Jefe Político, un individuo de la Diputación, un administrador secular titulado de decimales, un comisionado por el prelado, dos del cabildo, dos curas, un comisariado por los partícipes legos, otro por los frailes, y otro por los demás partícipes, y escribano de rentas.

Como se acercó la cosecha antes de los arriendos, se mandó que todos los que lo pagasen se quedasen con él para dar después al arrendador. Se verificaron los arriendos, y los seglares se avanzaron a ellos con tal furor, que en esta vereda solo cuatro curas lo consiguieron, los demás veían recoger lo que antes recogían ellos. Por varias causas y el recelo de que los labradores soltasen el diezmo con que se quedaran, no subió el arriendo de diezmos, primicias, noveno y casa diezmera de todos los curatos, inclusos los de monacales, más que dos millones y pico de rs.

Las asignaciones que las Cortes señalaron a los cabildos eran muy decentes, como la de los curas a quienes dividía en cuatro categorías, señalando a los de entrada 4.000 rs. y a los de término 10.000 rs. En el papel todos quedaban bien dotados, mas el medio de arrendar los diezmos pasando por tantas manos lo destruía todo. Llevando los diezmos los partícipes antiguos, llegaba para todo, y arrendándolos, para nada. Así fue, que a los curas de entrada dio la junta en este año 1800 rs., a los de ascenso 3.000 y 4.000 a los de término, incluyendo en estas cantidades el producto de diestros y rentas, a los tenientes en vacante 800 rs. Hay en este obispado 460 regulares, y a los de misa hasta los 40 años se les dieron 480 rs y de 40 años arriba a 630. La Nación llevó la tercera parte del total, el administrador de decimales 18.000 rs y 6.000 rs para su secretaría, a los individuos eclesiásticos de la Junta 15 rs. diarios, sin contar los gastos de oficinistas, y la Secretaría de la Junta Superior de diezmos de Madrid y partícipes legos (UR, VR??) sin darse nada para la inclusa y colegio de expósitos, que habrá que despedir a éstas por no haber con que mantenerlas y abandonar los niños expósitos.


Año de 1839

Estado político del reino


En el año anterior de 1839 siguió el reino con cortes y gobierno representativo ocupando todos los empleos, desde Ministro de la reina hasta el último oficial de la menor oficina, por individuos de la secta llamada liberal. Las Cortes que quedaron a fin de 1838 siguieron en 1839 hasta el 9 de febrero en que las suspendió la reina, y luego disolvió en vista de muchas representaciones, en especial la del general del Norte Espartedo, alegando que su mayoría eran jovellanistas (liberales moderados). Se puede decir que estas Cortes nada hicieron. En 1º de Septiembre se empezaron otras Cortes cuya mayoría era de liberales llamados progresistas o exaltados. Y como el Gobierno, esto es, los ministros, era moderado desde la caída del Ministerio de Mendizábal, y tienen por principio parlamentario que los ministros que rigen en el gobierno representativo deben ser del mismo color político que la mayoría de las cortes, empezaron a atacar al Ministro moderado para que se retirase y entrasen los progresistas. Lejos de conseguirlo, se suspendieron aquellas cortes en 1º de noviembre y se cerraron en 19 del mismo, mandando la reina nombrar nuevos diputados para abrir otras en 29 de febrero de 1840. Para conseguir cada partido liberal la victoria es increíble lo que manejaron y gastaron, y si el moderado gastó, según dicen, 37 millones, el exaltado subiría muchísimo más. Preguntará la posteridad, ¿por qué esta división y encarnizamiento entre dos partidos que formaron lo liberales? No lo diré yo, porque no se me creería. Lo dirán los periodistas liberales, escogiendo para ello solo algunos números del Castellano que uno aquí, y de los mismos se colige y dicen que desde 1832 en que ellos gobiernan va todo peor, que solo supieron destruir, y nada edificar ni adelantar.

Estado de la guerra civil


Una de las causas porque la reina cerró las Cortes en 9 de febrero de 1839 fue porque ocupaban mucho a sus ministros no quedándoles tiempo para proveer los numerosos ejércitos, especialmente al del Norte, al frente del de Don Carlos. Y en efecto, los provistaron de raciones, dinero, vestuario. Y así, en últimos de 1838 por intrigas palaciegas de la Corte de este Príncipe, nombró éste por General de sus ejércitos a D. Rafael Maroto, de Mallorca, refugiado en Francia. Nunca fue del gusto de D. Carlos, ni hacía nada en las provincias vascongadas. En Madrid se temía saliese otra expedición numerosa en el verano, que unida al ejército Carlista de Aragón mandado por D. Ramón Cabrera (natural de Tortosa), capellán de su catedral, tonsurado, quien habiendo empezado con una facción de 14 hombres, mitad de ellos con palos, llegó a formar un ejército respetable de infantería, caballería, artillería, hoy ya en día es su general y Conde de Morella, que le hizo D. Carlos por haber hecho levantar el sitio de esta plaza acometida por el ejército cristino de Aragón y Valencia al mando del valiente Gral. D. Marcelino Orán. Mas luego pasó este temor, porque Maroto en marzo de 1839 fusiló en Estella 6 generales valientes carlistas, sin que hasta ahora se sepa el motivo, aunque se asegura que D. Carlos, desconfiando de Maroto, y decidiendo deshacerse de él, comisionó secretamente a dichos generales, lo que sabido por aquel, los fusiló alegando a las tropas querían acabar su vida con expediciones. Desde entonces todos desconfiaron de Maroto.

Muy luego empieza Espartero su campaña, subiendo con mucha tropa desde Logroño a Ramales, que tomó a viva fuerza a los carlistas, sigue a Guardamino, plaza fuertísima, donde dio otra batalla a los mismos, y que perdería si Maroto no retira la reserva, y luego cayó otra plaza, y desde ella tomó Espartero algunos pueblos más de la comarca, y se detuvo por allí todo el verano ocupándose en él en hacer incursiones y desde Pamplona a abrasar en muchas leguas las mieses del país enemigo. Se extrañaba como no avanzaba, hasta que empezaron a correr voces de un acomodamiento entre los ejércitos beligerante. Todos los periódicos hablaban de él, sin saberse en qué términos se haría, y los liberales daban por hecho el matrimonio del hijo mayor de D. Carlos con Isabel II, y aun se dijo que Maroto propusiera a D. Carlos una transacción y que no quisiera oír hablar de ella. Lo cierto es que Maroto entró en negociaciones con Espartero, de que resultó que el 31 de agosto se presentó aquel a éste en Vergara y le entregó 28 batallones, escuadrones y artillería, dejando campo abierto para invadir las provincias, como invadió Espartero, a quien no pudo contener D. Carlos, quien fue arrimándose a la raya de Francia con 14 mil soldados, donde por fin entraron en 12 de septiembre, dejando los carlistas sus armas y caballos en la misma raya, de donde fueron internados a diferentes pueblos, y D. Carlos, su 2ª esposa la princesa de Bira, el hijo mayor de aquel y el infante D. Sebastián, fueron conducidos a Borgues, donde siguen el 1º de Enero sin poder salir, porque la Francia, que en 1830 echó a su legítimo rey, nombró rey al Duque de Orleans. Y tomado el gobierno representativo y liberal, reconoció desde un principio a nuestra reina y la apoya.

Todos los liberales recibieron un gozo extraordinario de este paso de Maroto, aunque los más lo graduaron de un traidor, porque, aunque gusta la traición, no así el que la comete. En el convenio que firmaron los dos generales, ofreció Espartero recomendar eficazmente a la reina, para que lo hiciese a las Cortes, a fin de que confirmasen a sus fueros las tres provincias y a Navarra, sin cuya oferta no pudiera Maroto atraer sus tropas a pasarse. En efecto, la reina presentó a las Cortes este proyecto de Ley, y aunque la Constitución de 1812 reformada en 1837 hacía a todos los españoles iguales, y sin privilegios, confirmaron las Cortes y Senado los fueros Vascongados y Navarros, y los sancionó la reina, con lo que se sosegó aquel país que reconoce a Isabel II, y por ahora se dejaron en sus conventos a todos los religiosos de aquellos pueblos.

Desembarazado el ejército del Norte de la guerra de las Pronvicias, pasó Espartero con 40.000 soldados a unirse con 20.000 con que el general O’Donnell operaba en el bajo Aragón y Valencia contra Cabrera, y éste, arrasando el país de granos, se colocó en las montañas bajo las plazas fuertes de Cantavieja y Morella, a cuya falda están en 1º de enero de hará un año. Espartero y D’Donnell con 60.000 soldados sin operar en grande hasta la primavera, sin esperanza de otra marotada, pues Cabrera había escrito a D. Carlos (cuya carta se interceptó y publicó), no entraré en convenios, pues que en aquel verano le colocarían en Madrid rey absoluto, y está resuelto a no ceder sino por la fuerza. En Cataluña siguió la guerra todo el año con altos y bajos, sin mejora particular. A Cabrera le pegó el tifus (epidemia) en últimos de año, y no se sabe si saldrá de él con vida.

En lo restante del reino se goza tranquilidad, menos en Galicia, donde desde el principio de esta guerra civil se levantaron algunas partidas llamadas carlistas en Burón y contornos, que nunca llegaron a regimentarse, y hoy aparecían en un pueblo y mañana en otro. Eran perseguidos de continuo por la tropa, morían unos, se agregaban otros. Y entre ellos hombres oscuros de baja esfera, a quienes se unían ladrones, contrabandistas, desertores y cuantos aborrecían el trabajo y querían comer y enriquecerse a cuenta ajena, y se fueron extendiendo estas partidas por gran parte de Mondoñedo, Santiago y Lugo hasta la Aguada. Vivían a costa del país, robando cuanto hallaban a todos, especialmente a eclesiásticos y curas, a quienes fueron desangrando, de suerte que quedaban sin ropa, dinero, y con la casa barrida, obligados a emigrar a las capitales. Hacían incursiones de noche a dos, cuatro o seis leguas, cogían curas y poderosos, los llevaban cautivos, y hasta que soltasen diez, veinte o cien mil rs. no redimían su esclavitud. Causaron males enormes, y en principios de 1839 apareció una de estas facciones en este obispado en el contorno de (Parderrubias) mandada por un capitán llamado (Mateo) Guillade, que causó muchas prisiones de curas, hasta que le mató la tropa y se levantaron en cabecillas más de doce de baja esfera, cuyo oficio era robar curas, tener a todos inquietos, por lo que muchos se refugiaban en la ciudad de Orense. A fin de año la tropa hizo una activa persecución a todas las facciones del reino de Galicia, y consiguió matar a unos, ahuyentar a otros, y otros presentarse a indulto, y a fin del año respiraban los curas y pudieron irse a sus curatos.

Estado moral y religioso.


En este año de 1840 sigue la iglesia de España en estado lastimoso y aun peor que el año anterior. De 48 arzobispos y Obispos del reino hay 22 muertos y 12 desterrados. En muchas diócesis vacantes ha hecho el Gobierno que los Cabildos nombren para Gobernadores a los que la corona nombró para obispos, cuya mayor parte se llevaron mal con aquellas, y como las Constituciones Pontificias desaprueban estos nombramientos, en muchos obispados hay cisma y se ve el clero y el pueblo en grande angustia. Las monjas, donde no las echaron de los conventos, hacinaron en uno tres o cuatro comunidades de diferentes institutos y fueron secuestrados todos sus bienes, reciben tarde y mal la pensión de 4 rs. diarios cada una, sin que por su extremada pobreza abandonen la clausura. Los Religiosos están todos sin paga muriéndose muchos de necesidad sin recibir nada del producto de sus bienes que aun no están vendidos y administra la Nación. De los bienes Regulares van vendidos en últimos de noviembre de 1839, 25.425 fincas, que se vendieron en 1.075.500.000 en billetes.

El clero sigue cada día más pobre. En catorce de enero de 1839 presentó el ministro de hacienda a las Cortes el proyecto de Ley para la sustentación del culto y clero, estableciendo una contribución de tres y tercio por ciento de todos los frutos diezmables, más como en nueve de febrero se disolvieron las Cortes, quedó por resolver este punto. y para atender a esto decretó la reina se pagase el medio diezmo a buena cuenta. Para ello volvieron las juntas diocesanas, compuestas la mayor parte de individuos seculares bajo la presidencia del Intendente. Se arrendaron pues el medio diezmo y media primicia llevando la Nación la tercera parte liquida de todo y repartiendo lo demás entre los curas, fábrica, prelado, catedral y su fábrica, colegiata y la suya, administrador de decimales, empleo inútil que cobraba 18.000 rs. con 6.000 de oficina, Junta Diocesana con 15 rs. diarios con sus oficiales por parte y gastos de secretario, gasto de la Junta Suprema Diocesana de Madrid, sueldos del Tribunal de la Nunciatura, dotación del Obispo y clero de Ceuta, y últimamente entre los regulares que están en sus casas y suben a 460 en el obispado. Así fue que al cura de esta parroquia le dieron 21 cuartos diarios y ciento cincuenta rs. para la fábrica, y en algunos obispados de Aragón no quisieron los pueblos pagar cosa alguna. A los religiosos del obispado les dieron del fondo decimal 18 duros y descontándoles de ellos 60 rs. por la Milicia Nacional a 5 rs. por mes. Es tal la miseria de las monjas, y conmueven en tal grado la general compasión, que en Sevilla, Zamora y otras partes se han hecho Asociaciones de Señoras para pedir limosna para ellas, sin que por eso cese la venta de sus bienes.

En cuanto a la moral, es tal la corrupción que en los domingos y días festivos se trabaja en Madrid y pueblos grandes por los artesanos y comerciantes como su fuesen días feriados. Se oyen con mucha frecuencia las mayores blasfemias y obscenidades sin cuento. En Madrid se venden las imágenes mutiladas para la lumbre, y todas las reuniones para sorteos, elección de Diputados a Cortes o Diputaciones, nombramiento de alcaldes y regidores se hacen en los templos delante al Santísimo Sacramento con los sombreros puestos y fumando, lo que hace clamar a los periodistas aun liberales como se puede ver en El Castellano que uno a éste. Como así mismo los desafíos que se han hecho tan generales en la Corte, apoyándolo algunos periodistas, de que se quejan otros como se ve aquí en este Castellano, siendo no poco común los suicidios. Abundan en el reino y se publican en diarios y tarjetas innumerables libros prohibidos y obscenos, como en pinturas y grabados en todas las más lascivas y provocativas. Y por lo común cada uno vive como quiere viéndose los mayores escándalos sin que el clero pueda remediarlo por estar desautorizado, dominado, abatido, empobrecido y sin prestigio alguno, que pierde cada día más, por los escritos impíos que corren. Ni hay más comunicaciones con Roma que para dispensas matrimoniales o indulto cuadragesimal, sin que se le consulte cosa alguna sobre abolición del diezmo, supresión de institutos regulares, venta de sus bienes y otras mil cosas.
(No aparece unido ningún ejemplar de El Castellano)

En la época de 1820 a 1823, en que gobernó el sistema liberal, salió a luz un Diccionario Democrático en que se hace ver que los liberales adoptaron un montón de nombres que entienden en sentido opuesto al que se tienen. Y así dice, Bienes Nacionales, en otro tiempo al que tomaba lo ajeno se le llamaba ladrón y las leyes les aplicaban la pena de presidio y horca, mas en el lenguaje democrático era preciso darle a esto otro nombre, y así a los bienes que se toman de la iglesia le llaman los liberales Bienes Nacionales. Así sucede con las otras palabras sin que lo confesasen los que las usaban, mas ha llegado el tiempo en que se ha manifestado tanto tener razón el otro diccionario, que los mismos periódicos liberales, tal es El Castellano, que los números que siguen a este escrito manifiestan que se abusa de las palabras como puede verse en las voces liberalismo, patriotismo, progreso, moderación y otras muchas, y al mismo tiempo hace ver el estado lastimoso en que se halla la Nación por el Gobierno de los Ministros, tanto exaltados como moderados, que la gobiernan desde la muerte de Fernando VII, eximiéndome a mí de decirlo, pues ellos mismos lo confiesan.

No aparece unido ningún número de El Castelllano
Anexo: Intendencia de la Provincia de Orense – Ley e Instrucción para la venta de bienes del clero secular
Boletín Oficial de la Provincia de Orense 13/09/1841


Año 1840

Estado político del reino en 1840


En 28 de febrero de 1840 se abrieron las Cortes compuestas de todos los corifeos moderados y progresistas, y con mayoría de los primeros. En 13 de junio salió de Madrid para Barcelona la Reina Cristina con sus dos hijas, y al parecer con ánimo de hacer alguna variación en la forma de gobierno. En Lérida las esperaba Espartero con 140 hombres, y consultado aconsejó a la reina mudar sus ministros liberales moderados en un ministerio de ambos partidos liberales. Al llegar a Barcelona mudó el ministerio y cesaron las Cortes. Nombró otros ministros que en unión con Espartero le pedían no sancionase la nueva ley arreglando los ayuntamientos, y la ley del 4 por ciento en lugar del diezmo para el sostenimiento del culto y clero, decretadas ambas por las Cortes y Senado para 1840. La reina las sancionó y hubo un motín en Barcelona. Los nuevos ministros renunciaron, la reina recibió algunos disgustos, y en 22 de agosto se embarcó con sus hijas para Valencia, a donde llegaron el 23.

Entretanto la Nación seguía sin ministros, y algunos ayuntamientos en disposición de resistir la nueva ley, y los progresistas atizando para encumbrarse al poder. En efecto, rompió la revolución en el ayuntamiento de Madrid, y 3 de sus individuos y otros 3 de la Diputación provincial se erigieron en Junta de Gobierno Superior. Otros Ayuntamientos le siguieron, luego se levantaron los restantes en Juntas de Gobierno de sus Provincias, todos mandaban, destituían empleados grandes y pequeños, a obispos, provisores, canónigos, curas y hasta verideros y campaneros. Eran unas repúblicas. No cundiría tanto el ejemplo de Madrid si Espartero con su ejército de 200.000 hombres no saliera en su apoyo, exponiendo a la reina el peligro en que estaba el trono de su hija, y moviéndola a acceder al levantamiento.

La reina, cuando había agotado todo el cúmulo de honores y distinciones, le hizo Presidente del Consejo de Ministros, y que los nombrase él mismo. Para ello vino Espartero a Madrid, buscó seis sujetos exaltados liberales y los llevó a presencia de la reina a Valencia, donde le presentaron tales exigencias que prefirió renunciar a la regencia, que acceder a ellas. En efecto renunció en 12 de octubre, y se embarcó para Francia, quedando Espartero y los seis ministros Regentes del reino hasta que se reuniesen las Cortes, según la Constitución de 1837. Viene esta renuncia en el Boletín de Orense de 20 de octubre, y el manifiesto que la reina hizo a los españoles desde Marsella el 8 de noviembre que trae El Castellano de 16 del mismo. Desde 11 de septiembre, en que fue el alzamiento de Madrid, hasta el 20 de octubre gobernaron las Juntas en cada provincia, y después hasta fin de este año de 1840 mandan Espartero y los seis ministros.

Conclusión de la Guerra Civil



A Cabrera le pegó el tifus (epidemia) en últimos de año, y no se sabe si saldrá de él con vida.

Dejamos a finales de 1839 a Espartero a la falda de los Montes de Aragón Bajo, donde se fue disponiendo, y en mayo de 1840 se dirigió a Morella y Cantavieja. Esta plaza fue evacuada en 11 de dicho mayo, y Morella capituló en 30 del mismo. Desde allí marchó Espartero con su ejército a Cataluña y desalojó de la Berga a los Carlistas, que entraron en Francia en número de muchos miles. El Castellano de 1º de enero de 1841 resume los acontecimientos del año anterior respecto a la guerra y otros pasajes, y este periódico de 14 de noviembre y 9 de enero de 1841 describen el estado de la Nación, cuadro triste pero verdadero.

Estado Moral y Religioso


En todo el año de 1840 siguieron derribándose conventos e inutilizándose todos, unos por las manos y otros por abandono. Siguió la venta de sus posesiones y rentas, anunciando los periódicos que en 31 de diciembre de 1840 están vendidas 37.573 fincas en 1.432.912.000 rs. y capitalizados 1.546 censos en la cantidad de 22.691.000 rs. Siguen los religiosos exclaustrados sin pagarles ni 4 rs. sino muy poco, viviendo y muriendo de miseria. Muchos se fueron a Roma, se presentaron a la Congregación de Propaganda Fide para que los destinase a las Misiones extranjeras, y en efecto, unos fueron a la China, donde en 1835 y 1838 recibieron los que había allá la corona del martirio. Otros van a Nueva York, otros a Constantinopla, Nínive, Filippuli, Monte Líbano y Mesopotamia, habiendo ya salido antes los jesuitas a diferentes países. Se destinaron sus bienes para amortizar la deuda de la Nación, y lejos de eso crece cada día para llegar a 14 mil millones.

Como si las monjas no fuesen uno de los más bellos ornamentos de la iglesia, unos ángeles en carne, como si fuera poco haberles arrancado sus bienes, hasta sus huertas y sus dotes, dejándolas abandonadas, como si no se pensase sino en obligarlas a salir de su clausura. Se las tiene sin pagar su pensión sino tarde, mal y arrastro se les da algo, y hasta en Madrid, donde hay 36 comunidades, están hambrientas, desnudas y descalzas, pasando tales necesidades que en la corte, Sevilla y otros pueblos, se formó una junta de señores que piden para ellas. Las juntas de septiembre echaron a muchas de sus conventos, amontonándolas en otros; mas el Señor les da tal fortaleza que más quieren morir de hambre que salir al siglo.

Las Cortes de 1840 trataron de la dotación del clero. Se presentaron varios proyectos, 1º volver al diezmo entero. D. Santiago Tejada diputado por Logroño lo defendió con tanta valentía de razones, que ningún obispo pudiera hacerlo mejor; y aunque tuvo 32 votos a su favor, le desaprobó la mayoría. Lo mismo sucedió con el medio diezmo, y a duras penas se aprobó el 4 por ciento para el clero y la primicia entera para el culto en 20 de junio de 1840, y lo sancionó la reina en 16 de julio, y la instrucción para su administración hecha por Santillán, ministro de hacienda enemigo del clero. Disponiendo que un contador secular con 14.000 rs. y su oficina arrendase, administrase y pagase al clero, pasando por la abyección de una tutoría.  El nombrado para Orense tardó en venir y se empezaron los arriendos en 25 de septiembre cuando hasta el vino estaba en recolección. La malicia y la dificultad de arreglar el uno de 25, cuando bajaba de este número causó mucho desfalco, y no produjo lo que debía. En el 20 de junio también se revocó la orden de 1837 que declaraba nacionales los bienes del clero secular y que no pudiesen disponer de ellos sin licencia del gobierno. En 1º de enero de 1841 aun no han dado cosa alguna para el culto y clero. Las juntas de septiembre en algunas capitales anularon el 4 por ciento, y en aquellos obispados nada se dio, y la pobreza del clero llega al extremo y ya cayeron algunas iglesias por falta de reparo.

En las provincias vascongadas aun subsistían los conventos de ambos sexos, y en diciembre de 1840 fueron expulsados los religiosos y reducidos los conventos de monjas. En 10 del mismo se repitió la orden a los obispos para no ordenar a nadie, ni proveer curato alguno. Apenas hay ya obispos en España, porque hay 25 obispados vacantes, otros desterrados. En Galicia solo hay el de Tuy.

A los trabajos de la iglesia de España se agregó uno de los mayores que refiere El Castellano de 1º de enero 1841. Para últimos de diciembre la Regencia desterró al vice-regente de la nunciatura y cerró este tribunal, cortando así en parte la comunicación con Roma y preparando un cisma.


Año de 1841

Estado político del Reino


Dejamos en últimos de diciembre de 1840 gobernando el reino al general Espartero con los seis ministros según la Constitución de 1837. Corrían entretanto las elecciones para diputados en Cortes, y como no asistiese a ellas más que los liberales exaltados por haber huido de ellas por miedo los demás partidos, resultó la elección en liberales, llamados de progreso rápido y ardiente, y en republicanos, y con tales elementos se abrieron las Cortes en 25 de marzo de 1841. Luego se trató de la Regencia, y después de muchos debates fue elegido Regente único el mismo general Espartero. Posteriormente se trató de la tutela de la reina menor, y aunque reclamó este derecho desde Paris la reina madre, no fue atendida, y recayó la elección en D. Agustín Argüelles, abogado, asturiano, sin bienes ningunos, corifeo de los liberales en Cádiz, uno de los principales autores de la Constitución de 1812 y de la de 1837.

En el mes de septiembre de 1841 estalló en las provincias vascongadas una revolución o pronunciamiento para volver a colocar a la reina Cristina en la regencia y deponer a Espartero, cuyo pronunciamiento tuvo eco en Madrid donde se levantó alguna tropa, y en la noche del 7 de septiembre intentaron sustraer de su palacio a la reina niña, mas no habiendo sido auxiliado ese movimiento por la demás tropa se sofocó, como también el levantamiento de las provincias, a donde concurrió Espartero con más de 30.000 hombres, haciendo fusilar a algunos generales y oficiales.

Estado de la Religión.

Si era desconsoladora la perspectiva que ofrecía a la iglesia de España en el año 1841 viendo los sucesos del vice-gerente de su Santidad en Madrid, mucho más desconsolador fue este año que será notable en este reino, porque en él se han dado golpes a la religión, que no se dieron desde el principio del cristianismo, y no por Reyes Arrianos y Godos o moros, sino por un gobierno que se llama católico. El General Espartero, hijo de un carromatero del pueblo de Granátula, en la Mancha, y seis ministros nombrados por él hacían la regencia de España, y como liberales exaltados y ardientes tomaron una actitud violenta contra Roma, contra los obispos y contra el clero.

En vista de que los golpes contra la iglesia se sucedían unos a otros y en escala ascendente, y que se anunció al principio del año, mandando la Regencia se presentase en las Cortes que se habían de abrir en 19 de marzo, el proyecto de ley para acabar con el diezmo y declarar nacionales todos los bienes y rentas del clero secular, y poner todo el clero a sueldo como dependientes del Estado. Rompió su Santidad el Sumo Pontífice Gregorio XVI su silencio en una alocución que hizo al cuerpo de cardenales en 1º de marzo de 1841, y que se copió en los periódicos de Madrid, y se puede ver en El Católico, periódico religioso de 20 del mismo mes en latín y castellano, y el discurso que hizo sobre ella en 24 del mismo, y ambos uno a esta hoja porque en ellos se expone el estado lastimoso en que se halla la religión en nuestro reino.

La regencia manda que se recogiesen los impresos que contenían esta alocución de su Santidad, prohibiendo su publicación a pretexto de no tener el regio exequátur, a lo que respondió el sabio obispo de Canarias que, estando el gobierno en pugna con Roma, no se necesitaba el Pase Regio. Sin embargo, a cuantos curas publicaron en sus iglesias dicha alocución se les abrió proceso, destierro del reino, y privación de sus temporalidades. El gobierno trató de oponer un escrito a la alocución, y tuvo valor de remitir a los obispos y gobernadores de sede vacante copia impresa de un memorial que pasa de cien años escribió un tal Macanaz, y presentó al Consejo de Castilla sobre abusos de la Corte de Roma, que el Consejo desechó y condenó la Inquisición, para que lo presentasen a sus cabildos y le diesen publicidad. Los obispos que representaron en contra fueron desterrados. El Católico, periódico religioso, imprimió en muchos números, contra el papa de Macanaz, la representación que el Excmo. Cardenal de Roma, Dr. D. Luis de Villuega, obispo de Cartagena, hizo al rey Felipe V sobre materias pendientes con la Corte de Roma, y por haber expulsado al Nuncio de su Santidad de este Reino, escrito digno de leerse, respecto del cual obispo es Macanaz un pigmeo.

Como del 4 por ciento del diezmo no destinó cantidad alguna la Nación, ni para sí, ni para los regulares, y hubiesen subido los arriendos, subiendo el precio de los granos, aun dieron al clero algo más que los años anteriores, y a este curato, como de 2ª clase, dieron 300 ducados para el año de 1840. Para acabar con el diezmo, presentó el ministro de Gracia y Justicia a las Cortes un proyecto de ley de dotación del culto y clero por medio de una contribución, en que se señalaban 2.000 a los curas de entrada, 3.000 a los de Segunda ascenso, 4.000 a los de 2ª y 7.000 a los de término. Se destinaros 75 millones, tocaron a la provincia de Orense 777.000 rs. y a esta alcaldía de Nogueira con 9 parroquias y 3 anejos le tocaron 11.590 rs, que repartidos a los 9 curas, tocó a los tenientes en vacante 900 rs., curas de entrada 1.050 rs., a los de 2ª clase 1.442 rs. y a Nogueira unos 2.000 rs., nada dieron a los anejos.

Esta ley fue sancionada en últimos de agosto, se comunicó en 31 del mismo mes, y en la instrucción que la acompaña se dispone se empiece a pagar desde 1º de octubre de 1841, sin decirnos nada de los nueve meses anteriores, para los que no se recibió sino las ventas, diestros y pie de altar, y aunque en la ley se dice se pague a los curas del fondo de todas las contribuciones, en la instrucción se ordena no se les pague sino a donde llegue la contribución del clero. Presentó el gobierno otro proyecto de ley declarando nacionales todos los diestros, rentas y derechos del clero secular. Así se acordó y se posesionaron de todo el 1º de octubre de 1841, y lo administra la Hacienda. Éste es el último y más grave golpe dado a la iglesia, a quien despojaron de cuanto adquirió desde el principio del cristianismo en España.

En 8 de diciembre de 1841 se mandó por el gobierno, que los diocesanos con acuerdo de los ayuntamientos y Diputación provincial suprimiesen parroquias en los pueblos en que haya más de una. El 14 del mismo se dio orden para suspender de confesar y predicar a los párrocos que no obtuviesen del Jefe Político un atestado de adhesión al partido progresista por actos positivos que no dejen duda; y como esto no era fácil, muchos eclesiásticos quedaron sin licencias, y así escasea cada vez más el pasto espiritual.

Hasta 31 de diciembre de 1841 se han vendido de los bienes de los religiosos 46.050 fincas en 1.702.788.000 rs. y 3.863 foros en 52.067.000 rs.

Anexo: El Católico de 20/03/1841 y 24/03/1841
Hoja de Intendencia Provincial de Orense – 1841 – Ley e Instrucción para la venta de los bienes del clero secular.
BOPOR de 15/09/1841 – Ley e Instrucción de dotación del clero y culto.


Año de 1842

Estado político del reino


A últimos de 1841 dejamos Regente del reino al General Baldomero Espartero, natural de Granátula en la Mancha, hijo de un carpintero carromatero y hermano de otros carromateros. Sigue de tutor de la reina Isabel II, a pesar de haber cumplido doce años en 10 de octubre de 1842, el viejo y chocho asturiano, el impío, ateo, abogado Agustín Argüelles, enemigo declarado de la religión católica y sus ministros, hombre de nacimiento oscuro, sin un palmo de tierra, y ahora disfrutando el palacio real y llevando la décima de más de 80 millones que produce el patrimonio real, teniendo de Intendente de la casa real a Martín Heros y de hayo instructor de la reina a Manuel Quintana, ambos impíos.

De tal gente solo saca el reino el empobrecimiento, y un desquiciamiento general en las rentas, multiplicándose tanto las oficinas que, sin mesas de despacho, en Orense no caben en la plaza mayor. Cuantos más bienes se venden (o dan de balde por papel) del curato secular y regular, tanto más crece la deuda del Estado con préstamos y contratos ruinosos. Todas las clases del Estado activas, y las innumerables pasivas de retirados, jubilados, (una chusma de gentes) del ejército, oficinistas y todas clases, pereciendo de necesidad, debiéndose muchos atrasos, y apenas se les paga cada año cuatro mesadas, y hasta el ejército mal pagado y mal vestido, en términos que hasta los periódicos liberales no pasan día sin censurar el desgobierno, trastorno de oficinas, sin plan de hacienda administrada por manos impuras. Enriqueciéndose un montón de pillos y de gente baja y oscura con los bienes y casas del clero y monjes, que ven sastres y zapateros comprar prioratos, con cientos de fanegas y moyos, por un poco papel del Estado, que compran dando cuatro por ciento. Visto este desgobierno en El Castellano de 12 de mayo que uno aquí.

Por último, los barceloneses, que dieron el pie a Espartero para subir a la Regencia, se sublevaron en 14 de noviembre de 1842, los nacionales batieron en las calles a la tropa, mataron 600 soldados, y el general Van Halen, natural de Bélgica y mandado a Cataluña, se retiró con la tropa de la ciudad y de la ciudadela, conservando solo el castillo de Montjuic. Los sublevados publicaron su programa, donde decían entre otras cosas: "Espartero abajo y sus ministros”. El Regente partió a Barcelona haciendo concurrir allí muchos miles de soldados, se colocó en Sarriá, donde reunió mucha tropa. La sublevación de Barcelona no fuera premeditada, se hallaron sin plan, sin cabeza, y sin orden, y al cabo, el 2 de diciembre pidieron entrase la tropa y no se molestase a nadie. No se le concedió, y el 3 la milicia de la ciudad trató de resistirse, cuando a las once del día rompió el bombardeo desde el castillo, que duró 12 horas, arrojando cerca de 2.000 bombas, granadas y balas, que destruyeron 480 edificios y causaron más de cien millones de pérdidas, y en su vista el 4 entraron por una puerta cuatro batallones, y por otra 14, y siguieron hasta 32, que se alojaron en las casas para castigo. Le echaron 12 millones de contribución y siguen castigando a los revoltosos, aunque los más se fugaron.

En vista de algunos antecedentes, se reunieron 12 periodistas de Madrid y se coligaron para defender la mayoría de edad de la reina a los 14 años según la constitución de 1837, pues se temía que los mandarines querían alargarla hasta los 18 años para extender su mando. Se reunieron a ellos muchos de las provincias y todos estos y los extranjeros, menos los ingleses, declaman sin cesar por la destrucción de Barcelona que se pudo evitar esperando algún día más, o tomarla por asalto. Espartero acaba de perder su prestigio y le miran mal, ya por esto, ya por su mal gobierno y porque se ve arruinar cada día la nación y la religión.

Estado religioso del reino


La persecución contra la iglesia y sus ministros y sus templos sigue en escala ascendente. El segundo número de El Castellano, que uno a este libro del año 1842, trae y dice expresamente que la parte extrema de la escuela intolerante de 1812 trató de destruirla. Véanse los documentos que siguen presentados por el impío y ateísta José Alonso, Ministro del Gracia y Justicia, a las Cortes, uno sobre jurisdicción eclesiástica, y otro para emanciparnos de Roma, impíos, heréticos y cismáticos, y lo que sobre ellos dicen los periódicos liberales y católicos, y se convencerá cualquiera de sus intentos.

Viendo el Sumo Pontífice que nada había que esperar del feroz soldado Espartero y de sus impíos ministros nombrados por él, viendo que después de abolir el diezmo y primicias, declarados nacionales todos los bienes y rentas del clero, cofradías, lámpara del Señor, Santuarios, sin dejar nada más que la casa del cura y un poco de huerta, viendo anunciada en los papeles públicos y realizada la venta de todos ellos en común, y verificada cada día en particular, viendo se sigue la destrucción de templos, otros convertidos en almacenes y carteles y teatros, viendo rematado por el gobierno el oro de los retablos e imágenes de las iglesias de los regulares y monjas, y reduciéndolos a cenizas; viendo la persecución contra los obispos y que apenas hay doce en todo el reino e Islas, y que no contento con esto trata el Ministro de separarnos de Roma con dichos proyectos, viendo en fin que su alocución a los cardenales del 1º de marzo de 1841 nada remedió y solo sirvió para incruelecerse la persecución contra el clero, y que el cisma iba a pasos agigantados cundiendo el reino con tantos gobernadores, ellos intrusos en muchísimas diócesis, y no viendo remedio a tanto mal en la tierra, expidió una encíclica en 22 de febrero de 1842 exhortando encarecidamente a los patriarcas, primados, arzobispos y obispos de todo el orbe católico, a que mezclen sus lágrimas con las del Santo Padre e imploren la misericordia de Dios omnipotente a favor de la infeliz España, a fin de que se abrevien en este reino católico los días de prueba.

Su Santidad renueva, anula y declara de ningún valor la ley últimamente presentada por el Gobierno español sobre reservas apostólicas (que es el de 20 de Julio de 1842). Para conseguir el fin que se propone la sede apostólica, su Santidad concede Indulgencia plenaria, en forma de jubileo, a todos los fieles que confesados y comulgados asistan tres veces a lo menos a las rogativas solemnes que cada obispo determine, y oraren tres veces en el espacio de quince días con la misma intención en la iglesia señalada por los mismos obispos. El gobierno prohibió con severísimas penas la retención, impresión, circulación y publicación de esta encíclica de Su Santidad, que se extendió por todo el mundo católico, que se publicó y ejecutó en las cinco partes del mundo, llegando noticias de todas partes por los periódicos de las fervorosas oraciones de toda la cristiandad por la España tan desmoralizada, y tan criminal con Dios, que aun no hay señal que mitigue su látigo y justa ira sobre nosotros.

Todos los pasos que se dan conspiran a acabar con la religión, siguen desterrando obispos, no se deja ordenar a nadie, ni proveer curatos ni prebendas. El clero falta diariamente, unos desterrados, otros en cárceles, otros confinados, secuestradas las temporalidades, ofreciendo y no pagando ni a los curas sino mezquinamente, tarde y arrastro, lo mismo a los religiosos y monjas, debiéndoseles atrasado a cincuenta y ochenta mesadas, pobres, desnudos, escuálidos, lo que les abrevia sus días, y así mueren muchísimos. Y para que escasee el pasto espiritual a los fieles, y los clérigos tengan menos medios de subsistir, se inventó el diabólico plan de que para predicar y confesar se había de obtener del jefe político un atestado de adhesión al gobierno, y como éste presenta planes cismáticos y heréticos, muchos desconfían si se pide adhesión a ellos, y no quieren pedirlo, se quedan sin licencia y el pueblo sin pasto espiritual.

El Boletín de 1º de diciembre de 1842 manda recoger un Breve de la Sagrada Penitenciaria en que se habilita a los suspensos para confesar y predicar. Como se paga tan mal a los curas, hay feligreses que proveen a sus curas de algunos frutos, como están obligados por derecho natural y divino; mas hasta eso hace pesar para que mueran más pronto, y así el impío José Becerra Lugún, Jefe Político de Orense, dio la orden que se ve en dicho boletín. Como se trata tan mal al clero y religiosos, emigran a otros reinos y a las misiones que se extienden por todo el mundo hasta la Oceanía, Australia, Nueva Zelanda, antípodas de Madrid, Persia, China, Japón, Sandevil y otros innumerables países. En 18 de abril embarcaron para Filipinas 55 religiosos, y más de 40 capuchinos españoles embarcaron en Marsella para la América, y otros van en Mesopotamia y Ur Caldearun, y así cada vez se minora el clero.

A los curas de este obispado, aunque tarde, se les completan 300 ducados para 1842, sisados por las manos que corren, y a los tenientes en vacante la asignación de su titular, y para esto cien órdenes embrollando unas lo que disponen otras, para burla, mofa y escarnio y envilecimiento del clero.

En 17 de mayo de 1842 tuvo Espartero que mudar el ministerio, y el nuevo ministro de Gracia y Justicia, Zumalacárregui, vizcaíno, dio orden en 5 de agosto para que no se acuda a Roma sino por dispensa de matrimonios y casos de penitenciaría, y así, nuestra unión con Roma pende de un hilo. Esta orden cismática causó muchos males, y cerró toda comunicación con Roma.


Año 1843

Estado político del reino

Dejamos el año pasado como Regente usurpador al general Espartero, hijo de un carromatero de Granátula, perseguidor de la iglesia de España, y de tutor de la reina al pillo sans-culotte de Asturias, el abogado, y gran ateo, y el mayor enemigo de la iglesia y del Papa, Agustín Argüelles. La revolución seguía ensañada contra la iglesia derribando templos y conventos, vendiendo otros, alguno de ellos por 500 rs., y los bienes y rentas del clero secular y regular en términos que a últimos de mayo estaban vendidos 154.097 fincas en 4.933.160.000 rs., sin que por eso la deuda de la nación fuese a menos, antes al contrario, llegando en ese año a 20.000 millones, cuando a la muerte de Fernando VII era solo de 8.000 millones.

El Señor que consiente, y no pasa siempre así, como permitió que Fernando VII desterrase a D. Carlos con toda su familia; que su viuda Christina desterrase a su cuñado y tío D. Francisco de Paula con toda su familia; que el pillo Espartero desterrase a la Reina Christina; también dispuso que el mismo Espartero fuese ignominiosamente expulsado de España, saliendo de ella en treinta de julio de 1843, levantándose toda España contra su gobierno, y entrando en Madrid el 23 del mismo julio cincuenta mil soldados de Valencia pronunciados contra él. Quedó gobernando el reino una Junta de Ministros, que abrieron nuevas Cortes en 15 de octubre, y en 8 de noviembre siguiente declararon a la reina Isabel II mayor de edad a los trece años, y el día diez juró y entró en el ejercicio de la soberanía, nombrando ministros del partido moderado, que había sido excluido por Espartero en septiembre de 1840.

Todo cuanto sucedió en el año que acabó se puede ver más por extenso en las 87 hojas de periódicos del mismo año 1843 que están unidas al cabo de este libro. (No constan esas hojas anexadas).

En cuanto al estado de Religión, ya queda dicho seguía con encarnizamiento y el clero en la mayor pobreza, sin diezmos, sin primicias, sin diestros, sin rentas, y sin que en todo él se pagase a los curas un solo ochavo de la miserable asignación de los trescientos ducados. Vean el juicio del año que trae El Católico y es la última hoja de las 8.


Año 1844


Estado religioso y político del reino

Dejamos en el año pasado en el trono de España, y declarada su mayoría de edad, a Doña Isabel II. Entre sus ministros tenía al joven valenciano D. Luis Mayans como Ministro de Gracia y Justicia, de medianos sentimientos católicos, quien apoyó las exposiciones que han hecho varios cabildos a la reina para que le quitase el destierro a los prelados, unos confinados dentro del reino y otros extrañados fuera de él.

En efecto, la reina empezó a levantar el confinamiento del cardenal arzobispo del Servilla y del arzobispo de Santiago, que se hallaban el primero en Alicante había 8 años, y el segundo en Menorca había 9. Siguió el de otros seis o siete obispos, quedando algunos exceptuados, muriendo en destierro en Burdeos el Sr. Arzobispo de Zaragoza, y en Loreto el Sr. Obispo de Orihuela, y en su monasterio de Italia el Sr. Obispo de León, y en otras partes del mismo reino el de Arzobispo de Cuba, no pudiendo volver por su edad el Sr. Arzobispo de Tarragona que vive en un convento de Roma. Los prelados desterrados no llevaron a sus destierros más que ojos para llorar tanta desolación, como hallándose en sus obispados y catedrales, despojadas de todas sus rentas, y apenas sin culto por la pobreza, y casi ningunos capitulares llenos de hambre, y los curas lo mismo. Se creía que esto fuese un principio de reparación de los muchos descalabros que había padecido la iglesia, mas como la revolución no decrecía aun se dieron algunos decretos raquíticos a favor de la iglesia.

Tal fue en febrero el decreto para ordenar, con tantas cortapisas que solo favorecía a algunas capellanías de sangre. Otro fue para que se proveyesen algunos curatos de presentación legal, y de concurso, donde no fuesen ecónomos los regulares, dejando los de en curato para los mismos. Y como por desgracia Su Santidad no concede facultad para nombrar sinodales en este obispado no se provee ninguno. El único decreto más favorable a la iglesia fue el de 26 de julio, por el que se mandó suspender la venta de los bienes del clero secular y de las monjas, cuando ya iba vendida la flor de la renta, y bienes del clero secular y regular, llegando ya los vendidos a fin de 1844, según confesión del Ministro de Hacienda, a 4.661 millones.

El clero, tanto catedral como parroquial, sigue tan empobrecido que a ésa se le completa la miserable asignación de 300 ducados del año de 1843 con la contribución del clero de 1844, sin que por contribuciones nunca se le diese un solo cuarto, y los cabildos están de la misma manera. A las monjas se le debe mucho más, y a los infelices exclaustrados se le deben a 80, 90, y 100 mesadas. Siguen vendiéndose los conventos, y a un precio tan bajo, que uno se vendió en cuarenta duros y otro en veinticinco. La sillería del coro de Osera, que en 1793 se hizo en palo de rosa y costo 40.000 ducados, se tasó para venderla en 6.000 reales.

Para acabar con el clero se dieron órdenes con que se van acabando los seminarios, y para retraer a los teólogos de ser clérigos se les conmutó con mucha ventaja los cursos de teología por los de jurisprudencia.

Luego que la reina subió al trono decretó a favor de su madre la tutoría de su hija menor, Dña. Luisa Fernanda, llamándola a España, pues se hallaba en París desde septiembre de 1841 en que el tunante Espartero le usurpó la regencia. Entró pues en Madrid la reina madre en 23 de marzo de 1844, en cuyo día por la mañana murió, y llevaron todos los demonios del infierno al ateo e impío Agustín Argüelles, asturiano, que de un pedante abogado se hizo el patriarca de los libertinos liberales, y de la libertad, y por sus ideas trastornadoras y revolucionarias, y por su odio implacable, que manifestó en sus discursos contra el Romano Pontífice, contra la iglesia, y su clero, le fue ascendiendo la revolución hasta tutor de la reina. Falleció pues de un fulminante accidente de apoplejía, sin retractar sus opiniones impías de que era católico, apostólico, pero no romano, ni otras muchas herejías, ni reparar otros muchos daños que causó a la iglesia de España (Fiesta de primera clase en el infierno con aniversario perpetuo).
Quiera el Señor, que para el año de 1845 podamos dar mejores noticias.

Anexo: El Católico 16/04/1845 pag. 121-122, 23/04/1845 pag. 177-180, 02/06/1845 pag.475-476, 05/06/1845, pag. 497-498.


Año 1845

Estado político y religioso del reino

En el año de 1845 siguió en España el gobierno revolucionario de los liberales moderados con sus altos y bajos de pronunciamientos y revoluciones parciales, y con reforma de la constitución de 1837 con un ejército numerosísimo de más de doscientos mil hombres, y un aumento tan grande de contribuciones que llegó el ministro de Hacienda a fijar el presupuesto de gastos de este año en 1.200 millones, siendo así que a la muerte del rey Fernando VII (q.e.p.d.) bastaban 600 millones para todo gasto.

El infante D. Carlos de Borbón, hermano mayor del rey Fernando, se hallaba prisionero en Bourges de Francia con su hijo mayor Carlos Luis y su segunda mujer la princesa de Beira, desde septiembre de 1839, padeciendo bastante en su salud. A fin de conseguir la libertad, renunció en 18 de mayo en su hijo los derechos a la corona de España y se trasladó a Génova.

Estado religioso

Continúan extinguidas todas las religiones, mas en 5 de marzo las Cortes restablecieron a los padres escolapios, que aun se conservaban enseñando, y les facultaron para dar hábitos.

En 3 de abril las Cortes decretaron devolver al clero secular los bienes que restaban por vender, y que eran el desecho de los que antes poseían, con las rentas, foros y censos que no se habían enajenado, y en primero de agosto dieron la instrucción para su entrega, como se puede ver en El Católico de 16 de agosto, folio 357, que va unido a este libro.

En 11 de abril las Cortes, a propuesta del ministro de Hacienda, que les hizo ver el despilfarro que había en la venta de conventos, y consta en El Católico de 16 de abril, párrafo 121, que va unido también a este libro, mandaron suspender su venta decretada en 26 de julio de 1842. Eran 2.120 conventos, se vendieron 633, algunos por 30 rs.

En 1844 no nos dieron congrua alguna, más a principio de 1845 pagaron 300 ducados a cada cura, y mandaron suspender la contribución llamada del clero, y señalaron para el mismo 1845 una congrua mayor, y por clases. Era ministro de hacienda D. Alejandro Mon, asturiano, y viendo que en noviembre no tenía entregado nada a los curas, les jugó villanamente su congrua mandando se aplicasen a 1845 los recibos dados en el mismo año, robando al clero parroquial 44 millones y dándole solamente 1.087 rs. por todo el año.

La reina sigue soltera, su madre Dña. María Cristina, que fue la ruina de España, quiere casarla con el conde de Trapani de Nápoles, hermano suyo. Toda la nación se opone a ello. Veremos en que para.

Véanse los periódicos correspondientes a este año unidos a este libro que contienen noticias curiosas.


Año 1846

Estado Religioso y Político del reino en 1846

En este año mandaron los liberales moderados, y como en España están en pugna los partidos de los liberales, los progresistas se sublevaron en Galicia por medio de la tropa. Empezó Lugo en 3 de abril, el 4 en Santiago, siguió Pontevedra, Vigo y Tuy. Al momento vino otra tropa de Castilla con el General D. José Concha y el 23 del mismo se dio una acción en las inmediaciones de Santiago. Los sublevados entraron en la ciudad y se hicieron fuertes en el Monasterio de S. Martín, frente a la Catedral, allí fueron acometidos y vencidos y se derramó mucha sangre, y enseguida fueron fusilados 2 comandantes y 14 capitanes.

En primero de junio de 1846 falleció Gregorio XVI, y en 16 del mismo fue electo Pio IX. Véase el adjunto impreso.

En 4 de junio de 1846 se devolvieron al clero secular los diestros y renta de los curatos e iglesias de que fue despojada en 2 de septiembre de 1841 y que no se habían vendido. En este curato conservé los diestros que hallé, hice declarar la viña de Melias exceptuado de la ley de venta y decreto del Intendente de Orense en 8 de mayo de 1842, del que hay copia en el folio 15 del libro de fábrica de esta feligresía. Para demostrar cuan perjudicial fue a la Real Hacienda la adjudicación y venta de los bienes de la iglesia, véase en esas dos hojas del periódico El Católico la contestación que dio el Ministro de Hacienda, el liberal moderado Mon, asturiano, al judío Mendizábal, el que en las Cortes reconvino a aquel por haber suspendido la venta y devuelto los poquísimos bienes y los peores que devolvieron al clero, y esto sin contar lo que perdieron los pobres.

Otro suceso memorable de este año fue el casamiento de la reina Isabel II. Toda la Nación sensata conocía que del acierto en la elección de marido pendía la felicidad de España, y que no se conseguiría la paz y destrucción de partidos, sino casándola con Carlos Luis, conde de Montemolín, hijo mayor del Infante D. Carlos María Isidro, hermano segundo de Fernando VII, padre de Isabel II. Mas Luis Felipe de Orleans, Rey revolucionario e intruso de Francia, llevado de su desmesurada ambición por su familia, y con el intento de meter a un hijo suyo rey de España, ya que no pudo casarle con Isabel II, fraguó con Cristina, madre de ésta, y con los ministros Istúriz de Cádiz, Mon y Pidal de Oviedo, y el embajador en París, Martínez de la Rosa, casar a su hijo menor, Duque de Mompensier, con la única hermana de Isabel , Dña. Luisa Fernanda, casando en el mismo día a la reina con el infante D. Francisco de Asís, Duque de Cádiz e hijo del infante D. Francisco de Paula, tercer hermano de Fernando VII, joven de corto talento, mala figura y desagradable a Isabel II. Aunque se opuso la Inglaterra se realizaron las bodas en Madrid el 10 de octubre de 1846.

Si vivo (pues tengo 70 años) iré diciendo los desastres que resultarán de las dobles bodas. Porque la Inglaterra, celosa de que la Francia domine la España, viendo que no podía impedir las bodas, se esquinó con aquella y empezó molestándola, empezando por el golpe siguiente. Hemos dicho al folio 117 que D. Carlos, hermano segundo del rey, vendido por su general Maroto, tuvo que refugiarse en Francia y le destinaron a la ciudad de Bourges, donde estuvo hasta mayo de 1845 pasando muchos trabajos, privaciones y males que le causaba el temperamento. Se le ha instado muchas veces a que abdique sus derechos a la corona de España si quería salir de su cautiverio. Por salvar su vida abdicó en su primogénito Carlos Luis sus derechos para que casándose con Isabel II se acabase la guerra civil y de partidos, y lo hizo en 18 de mayo de 1845.  Consiguió su libertad, quedando cautivo su hijo, quien adquirió tal instrucción en todo género que era el príncipe más completo de Europa. Como el rey de Francia y consortes le desecharon de marido de la reina, luego que vieron los proyectos de las dobles bodas, y antes que se celebrasen, casi un mes antes, proporcionaron los ingleses su fuga de Francia el 14 de septiembre de 1846 al conde de Montemolín, llevándole a Londres donde es estimado y obsequiado de todos por sus relevantes prendas. Los planes que por su medio fragua la Inglaterra se irán descubriendo adelante.

Anexo: Varias páginas de El Católico de 09/06/1846, 27/06/1846, 29/03/1847


Año 1847


Estado religioso y Político de España en 1847


Este año 1848 es el tercero que gobierna la iglesia universal el Sumo Pontífice Pio IX, quien preconizó, en el consistorio de 17 de diciembre de 1847, obispo de Orense al dominico en cánones Ilmo. Sr. D. Pedro Zarandía, Presbítero de Pamplona, Canónigo y Vicario General de la Calzada y Calahorra, y en su nombre el Provisor Cardenal Cordón, reinando en España Dña. Isabel II hay 16 años.

La iglesia en España sigue en un estado tan deplorable que en todo el año de 1847 no se nos pagó sino un tercio, y eso en diciembre. A pesar de las innumerables representaciones de obispos, cabildos y partidas de curas, no se atendió al culto sino con 100 rs. a cada iglesia, sin embargo se cobraron los 159 millones que el gobierno tasó para el culto y clero.

Solo una cosa favorable vino a la iglesia, y fue que Pio IX mandó de legado al Ilmo. Brunelli, arzobispo de Tesalónica, con facultades necesarias para todas las necesidades espirituales de España. Empezó por la mayor que fue la propuesta para obispos, mas como en los años pasados se nombraran muchos que eran indignos de tal dignidad, empezó el gobierno por pedirles a todos que renunciasen. Como lo hicieron enseguida se empezó la presentación de obispos en sujetos muy dignos, casi todos Provisores y Vicarios Generales, y su Santidad preconizó en septiembre a 4 y en 17 de diciembre de 1847 otros 19.

Se trabaja en un concordato, mas como Gregorio XVI y su sucesor Pio IX exigen como base la dotación del clero, y los Ministerios se muden a 3 y 4 veces al año, no es fácil lleguen a fijar la subsistencia del culto y clero. Así, los templos, y hasta de catedrales como Toledo y León, se ven apontonados, y en el año entrante de 1848 se cerrarán algunas parroquias por no haber para el cura ni para el preciso culto. Mientras, los compradores de bienes de la iglesia triunfan, sin que esperen que su Santidad apruebe en ningún tiempo estas ventas, para las que no se contó con su autoridad, y sin que haya ningún Pontífice aprobado las usurpaciones y ventas que de 200 años a esta parte se han hecho en diferentes reinos. Las de Francia, y es cierto que en el concordato que hizo Napoleón con Pio VII nada se habla de esto, y así es que aun en Francia están en tal descrédito, que en las ventas de ellos se pierden dos quintas partes a lo menos. No viendo los Papas disposición en los gobiernos para devolver lo mal llevado, callan, mas no aprueban, y lo dejan a la conciencia de los compradores. ¡Infelices!

El ministro Arrazola presentó al senado un proyecto para nombrar hasta 24 canónigos en cada metropolitana y 16 en cada obispado, sin que al fin de este año se hubiese resuelto cosa alguna. Aunque se han nombrado muchos obispos aun no les quitaron las trabas que les fueron poniendo desde 1834, como la libertad de ordenar no siendo a curas o capellanías de sangre, y las más de éstas se deshicieron repartiendo sus bienes entre los parientes. Como no se admiten patrimonios ya casi nadie pone sus hijos al estudio para clérigos, además que antes se estudiaba gramática latina y filosofía en cualquier parte o convento, pero ahora tienen que ir todos a Orense al instituto de segunda enseñanza que se puso en la mitad del seminario donde hay un montón de catedráticos. En 6 años de carrera han de aprender los niños que salen de la escuela gramática castellana y latina, matemática, filosofía, y mil cosas, sin aprender ninguna bien, y como la matrícula cuesta 8 duros, con que antes se pagaba la posada de todo el año, todos los muchachos son abogados o cirujanos y médicos.

Hasta ahora aun suplían los religiosos, mas se van muriendo los que habían estudiado y van quedando los nuevos que ni estudiaron en la religión ni fuera. El legado de sus Santidad trae facultades para habilitarlos para obtener curatos, y la concede secularizándolos. En el instituto de Orense hay una buena librería hecha de los libros que después de muchas rapiñas quedaron de los conventos y los cuadros que había en ellos. El reloj de Orense fue de san Esteban, y sus balcones de hierro están en el consistorio o ayuntamiento.

En lo político la nación sigue empobreciéndose. En el último reinado de Fernando VII el presupuesto de gastos para la Nación era de 600 millones, y para 1848 subieron 1.500 millones, y son tan subidas las contribuciones, que las gentes no pueden con ellas, sino quitándolo de la boca. Ahora, como no hay obispos, cabildos, curas y conventos ricos que daban mucha limosna, prestaban y ayudaban a menestrales y labradores, no hallan éstos quien les dé una limosna. Sin embargo, de tantos millones como han sacado de la venta de los bienes y rentas del clero secular y regular, y con tantas contribuciones, y no haber año en que no contraigan préstamos o creen billetes por sumas considerables, todas las clases tienen sus pagas atrasadas, menos el clero a quien lo que no recibieron en diciembre de cada año ya no se nombra más. Solo alguna vez, y en últimos de 1845, confesó en las Cortes el Ministro Mon que se debían de atrasos a los curas 500 millones, que con 44 millones con que se quedó el mismo 1845, y con 150 millones que quitaron al clero en 1847, pues solo repartieron 8, vienen a deber a los curas 695 millones de su mezquina asignación.

En cuanto al matrimonio de la reina sucedió lo que se preveía. En abril de 1847 se divorciaron y separaron de palacio, hasta que Pio IX escribió una carta al Rey y volvieron a unirse en 13 de octubre del mismo año.

En todo el año de 1847 hubo muchas partidas de carlistas en Cataluña que no pudieron exterminar 40.000 soldados que se reunieron contra ellos en el Principado.

A últimos de año prendió en todos los estados de Italia un volcán revolucionario, pidiendo los pueblos constitución y gobierno representativo con cámaras.

Figura adjunto el Suplemento de El Católico de 23/12/1848.


Año 1848

Estado religioso y político de España en 1848


Este año gobierna la iglesia católica Romana el sumo Pontífice Pio IX desde 16 de junio de 1846, y el obispado de Orense el Ilmo. Sr. D. Pedro de Zarandía y Endarra, navarro consagrado en Pamplona, que en 13 de abril de 1848 tomó posesión, y en 18 del mismo entró en Orense. Reina en España la Sra. Dña. Isabel II desde septiembre de 1833

El estado de la iglesia en España sigue tristísimo, ya en sus cabildos, como consta del adjunto estado, ya en el pago de sus dotaciones al culto y clero. En 1847 solo se pagaron cinco meses de su pequeña congrua. A principios de 1848, las Cortes, para remediar este mal, decretaron y señalaron 110 millones, que con 25 que dicen los liberales que producen los bienes y rentas de diestros al clero, hacen 135 millones, mandando se repartiesen por trimestres. En mayo de 1848 nos pagaron el primer trimestre y dieron 150 rs para el culto. Se pasó el restante año sin dar más, hasta últimos de diciembre que nos dieron otro trimestre, incluyendo en él la mitad del producto de diestros y rentas, y dando otros 150 rs para el culto. Y es regular que con estos seis meses despachen a cabildos y curas, y que sigan como llevan de costumbre no pagar atrasos.

En dicho año 1848 nombró el gobierno una Junta compuesta de tres obispos, tres seglares y el Secretario del Nuncio para que propusiesen los puntos de un concordato y los medios de dotar al clero, cuya junta concluyó sus trabajos que salieron para Roma, y solo se sabe de los medios de dotar al clero que constan en El Católico de 13 de julio que antecede a esta hoja. Se extrañó por todos este pacto extraordinario de aforar a gente pobre y a dinero los bienes devueltos al clero y a las monjas, y diestros de los curas. Luego fueron saliendo y dirigiéndose al Nuncio de Su Santidad en Madrid representaciones de los curas de Galicia, Navarra y otros puntos del Reino contra tal proyecto. En últimos de diciembre salió otra gran exposición que parece ser del arzobispo de Toledo, y entre otras fuertísimas razones dice así:

“Aquí entra ahora otra sencilla reflexión. Si la Iglesia por derecho natural divino canónico y civil, pues la ley no se lo impedía, claro es, y lógicamente se deduce, que al desposeerla de sus propiedades se violaron todos estos derechos; y siendo un principio incontestable, que el que hizo a otro una injuria o agravio, está obligado a pedir perdón al injuriado, resarcir el agravio, y darle satisfacción; no encuentro como hallándose, o subsistiendo íntegra, y en poder de su dueño legítimo y verdadero parte de la cosa desposeída, sea un medio de resarcirle y reparar el daño causado obligarle a que se deshaga de ella y la enajene. Este sería un nuevo medio de indemnización hasta ahora no conocido”.

Paro aquí y prefiero unir aquí el impreso, y es el que se halla en el suplemento anterior.

Dije hay un año que en Italia había prendido un volcán revolucionario, y en efecto, en febrero de 1848 rompió en Nápoles, Cerdeña, Toscana y Roma. Pio IX quiso ir poniendo sus Estados al estilo de otros, concedió un indulto general a los desterrados políticos, quienes empezaron a revolucionar, consiguieron constitución y cámaras, y de concesión en concesión llegaron a conseguir un Ministerio liberal moderado. No contentos con esto, el 16 de noviembre en que abrían las cámaras, los exaltados, apoyados de algunos cientos de revoltosos fueron en tumulto al Quirinal después de haber muerto a puñadas a uno de los principales ministros pidieron a su Santidad por primer ministro al Conde Alamiani, emigrado e indultado, y otras cosas tales que el Papa no pudo concederles.

Se cerró el Quirinal, se fueron reuniendo unos 30.000, tratan de romper las puertas, asestan artillería, y todas las tropas se presentan con armas apoyando a las turbas, acribillaron la fachada del palacio, mataron de un balazo a un camarero de Pio IX, y otro balazo entró en su gabinete, todo Roma se puso contra él. Solo le acompañaban a su lado los embajadores y 70 suizos que estaban de guardia. Como el Papa dijese que como soberano debía defenderse mas no como sacerdote, y prohibiese a los suizos defenderse, tubo a la fuerza que ceder y desde el 17 de noviembre de 1848 quedó preso. Los embajadores dispusieron sacarle de Roma, y en la noche del 24, entre el embajador español, el de Baviera y el de Francia le sacaron disfrazado y llevaron a Gaeta, puerto de Nápoles, desde donde protestó de la violencia y fuerza. Todos los embajadores le siguieron y en mediados de diciembre ya se le unieron 26 cardenales. Si vivo otro año diré en que para esto. Todas las Naciones católicas hicieron muchas rogativas y siguen.

En 24 de febrero de 1848 se revolucionó París. Luis Felipe de Orleans, quien en 1830 se intrusó en el trono despojando al legítimo Rey, tuvo que abdicar, y la Francia se hizo otra vez republicana, eligiendo por Presidente a un sobrino de Napoleón Bonaparte. Veremos en que para este trastorno.

En 17 de marzo cundió el furor revolucionario a Viena y Berlín, y después de muchas desgracias y trastornos allí y en Nápoles, empiezan a dominar la revolución.

Viendo los obispos de Alemania que el principal golpe de los revolucionarios era contra la iglesia católica, dominar el obispado, a quien hacen dependiente en casi todo del gobierno temporal, se reunieron en concilio nacional en la ciudad de Wurzburgo, y acordaron hacer ver a sus gobiernos el derecho de los obispos y la libertad de que gozan por institución divina, cuya importantísima decisión consta del suplemento impreso que antecede.

La España sigue gobernada por los liberales, y después de tantos millones como produjo la venta de los bienes usurpados a la iglesia, la nación cada día más pobre con las contribuciones tan exorbitantes que ya no puede más. Sigue la guerra civil en Cataluña gastándose un tesoro de 50.000 soldados que obran allí contra 10 o 12.000, y no los exterminan. Las parroquias y aun catedrales se desploman, sus ministros perecen de hambre y desnudez, los ornatos se acaban, rara es la lámpara del Santísimo que arde, muchos curas abandonaron sus curatos, la desmoralización progresa y todo se acaba.

Figuran anexos hojas de El Católico 13/03/1849 y el Suplemento de 24/02/1849.


Año de 1849

Estado religioso y político de España

Todo el año de 1849 siguió su Santidad en el reino de Nápoles y ausente de Roma por efecto de la revolución. Habiéndose refugiado en la capital del mundo católico todas las heces populares de la Italia revolucionada, los Romanos decretaron hubiese cámara del pueblo, y aunque el Papa excomulgó a cuantos tomasen parte en las elecciones, se hicieron éstas tumultuariamente. Se reunió el congreso de diputados y en 8 de febrero destituyeron a Pio IX y le sustituyó el gobierno republicano. En vista de esto su Santidad pidió el auxilio de las armas a Austria, Francia España y Nápoles.

La Francia republicana fue la primera que envió 30.000 hombres, los que cercaron a Roma, y al cabo de un mes de esfuerzos y perdida de mil franceses entraron en la ciudad el 3 de julio, y el 15 se restableció el poder temporal del Papa. Mas los franceses lo embrollaron todo en términos que su Santidad no pudo en el resto del año volver a Roma. Los austríacos entraron por Bolonia hasta Ancona. Los Napolitanos por el lado de su reino, y de 8 a 10.000 españoles desembarcaron en Gaeta de Nápoles, donde estaba el Papa, y con el rey revisó la tropa y bendijo el pendón de Castilla y la repartición alrededor de Roma. Esto fue en 28 de mayo de 1849. Los españoles merecieron la preferencia de Pio IX, y aunque quiso quedarse a su cuenta con guarnición española en Roma, nuestro gobierno liberal, sin dar motivo ni esperar a que el Papa volviese a la capital, hizo volver la expedición en noviembre.

En los años 1847, 1848 y 1849 solo pagaron al clero seis meses al año, quedando el gobierno con 80 millones de los otros seis, aunque los cobró del pueblo. Las Cortes dieron en abril una ley para asegurar la asignación del culto y clero, con órdenes y contraórdenes lo embrollar todo, y el culto y clero quedan por pagar. Aunque a todos los dependientes del tesoro les cuentan los atrasos, no así al culto y clero que llegando el 31 de diciembre perdió lo que no cobró.

Van ya provistas todas las mitras de España en sujetos de mérito, gracias a Dios y al Nuncio, y con su corta asignación pagada a medias viven como antes los canónigos. Las catedrales están desiertas. Las Cortes autorizaron al gobierno para hacer el concordato con el Nuncio de S.S. más nada se adelanta en él, y así siguen la prohibición de ordenar a título de patrimonio ni de capellanía, no siendo de sangre, y aun éstas van acabadas. La desmoralización se aumenta asombrosamente.

En últimos de 1848 y principio de 1849 toda Europa se trastornó con el ejemplo de la Francia que se volvió a la república, y fuera de la Rusia, todo el Austria, Alemania, Italia y Prusia se alborotó, todos querían repúblicas, y a lo menos gobierno representativo. En Madrid rompió dos veces la república por instigarla de los ingleses y de su ministro Palmerston, que trae revuelto el mundo con su diabólica política, mas se venció con la fuerza, y con este ejemplo volvieron en sí los reyes, hicieron cara a la revolución que reprimieron y se disponen a armar para darle el último golpe para el año de 1850. La Rusia tiene dos millones de soldados.


Año 1850

Estado religioso y político del reino


Dejamos a últimos del año 1849 a nuestro Sumo Pontífice Pío IX en Gaeta de Nápoles, a donde se retiró, huyendo de los revolucionarios de Italia reunidos en Roma, en 24 de noviembre de 1848. Los franceses se apoderaron de la capital del mundo cristiano en 3 de julio de 1849 y restablecieron luego el poder Pontificio, que ejercieron tres cardenales enviados por su Santidad, mas no faltaron dificultades que impidieron que el Papa volviese a Roma hasta el 12 de abril de 1850, entrando en triunfo después de 17 meses de ausencia, donde sigue con guarnición francesa.

En 1850 era año Santo. Ya no se celebró el de 1800 por estar trastornada Europa con la república francesa primero y después por su emperador Napoleón Bonaparte. Llegó el año 1825, y a duras penas lo abrió el Sumo Pontífice León XII ascendido al Pontificado el año anterior, y subieron de 200.000 los peregrinos que de toda Europa concurrieron a Roma. No es extraño no se hubiese abierto en 1850, estando Europa tan conmovida y el Sumo Pontífice ausente de Roma, y estando dilapidados por el gobierno republicano todos los fondos que estaban preparados para los peregrinos. Así ha dispuesto su Santidad que los Sres. Obispos los dispusieran en sus obispados.

Sigue en España el Gobierno liberal moderado, y aunque el gobierno de Ministros lleva algunos años sin las dificultades de sus antecesores nada hacen en bien de la religión y de la nación, aumentando cada año las contribuciones, creando nuevos empleos, retirando a otros en términos que solo para las clases pasivas se necesitan muchos millones, ascendiendo el presupuesto de 1855 a 1.200 millones. Nada han hecho en cuanto a la religión. Con pretexto del concordato, en que se trata y nunca se concluye, los señores obispos se hallan con las manos atadas desde la revolución, sin poder ordenar a título de patrimonio, pues las capellanías desaparecieron casi todas, los cabildos desiertos, y en Orense solo hay tres cardenales y seis canónigos (véanse los que había después del folio 169). Es verdad que los curatos se proveen, sin embargo, a pesar de que para asegurar su asignación se hizo una ley en principios de 1849, ya en aquel año no se nos dio sino la mitad. A fuerza de clamar los periódicos religiosos, y ahora algunos Diputados en las Cortes, se dieron órdenes para que no se interrumpiesen las pagas al clero, y en efecto se nos pagaron con exactitud los tres tercios de 1850, mas luego empezaron a salir decretos y se fue suprimiendo bajo frívolos pretextos el cuarto y último tercio, y ya se sabe que lo que no se halla pago el 31 de diciembre, se fue para siempre.

De las posesiones que España tenía en la América todas se perdieron, y solo quedaron las Islas Canarias, la Habana, Puerto Rico y las Filipinas. Europa sigue en gran agitación y aun tardará en sosegarse. Hay un Ministro en Inglaterra llamado Lord Palmerston, protestante, que poseído de un espíritu infernal encizaña todos los reinos introduciendo en ellos la discordia y la revolución.

El Señor, viendo la relajación e inmoralidad de España, la visita con pestes y la falta de agua, especialmente en Murcia, Valencia, Bajo Aragón y Cataluña, no habiéndose sembrado hay dos y tres años por la sequía, emigrando lugares enteros para Argel e interior del reino, pues en algunos secaron los ríos y fuentes, y mataron caballos, perros y gatos, y la tierra ni hierba produce, y en toda España hay muchísimas tempestades, menos en Galicia, lo que se debe a Santiago.


Año 1851


Después de tanto como padeció la iglesia de España desde 1834, en que se abolieron los institutos religiosos, se echaron los religiosos de sus conventos, vendidos sus bienes y rentas y las de las monjas todas; después del decreto de no provistar prebendas ni curatos, y del despojo de sus rentas, diestros, abolición de diezmos, primicias, bienes y rentas de fábricas, cofradías, santuarios, estado en que todo se trastornó, acabó padeciendo la iglesia por los filósofos liberales una persecución, la más grande.

Después de tantos males, se hizo un concordato con la Santa Sede, que se concluyó en Madrid el 16 de marzo de 1851, a fin de reparar, aunque muy poco, tanto como se destruyó. Se elevó a Ley ecuménica en 5 de septiembre del mismo año, mediando una fuerte alocución, pero justa y exacta, de su Santidad a los cardenales en 3 del mismo septiembre, sancionado y publicado como ley civil y obligatoria en 17 de octubre del propio. Todo puede verse en documentos impresos que obran en el libro de fábrica de esta feligresía con las órdenes reales que van saliendo para la ejecución de los innumerables puntos que contiene, y en que tendrán no poco los señores obispos que hacer.

Entre tanto sigue precaria la suerte del clero. En enero de 1851 pagaron dos meses de tres que adeudaban de 1850 y perdieron el de diciembre. En 1º de enero de 1852 debían al clero cinco meses de 1851, y ya pagaron tres, quedando a deberle noviembre y diciembre. En 1852 pagaron mes y medio.

El vértigo revolucionario va cediendo en Europa a esfuerzos de sus soberanos, quienes van aboliendo el sistema representativo democrático y socialista y recobrando sus derechos soberanos, a lo que les ayudó mucho el golpe de Estado que dio en Francia el 2 de diciembre de 1851 Luis Napoleón, soberano del Emperador Presidente de la república, quien reunió en Paris 100.000 soldados y deshizo el congreso de diputados de los más refinados demócratas y socialistas, que se disponían a trastornar Europa, siendo su lema: Fuera Reyes y Papa.

La España sigue en su decaimiento, crecen las contribuciones y suben al año de 1.300 millones, en términos que absorben todo el numerario, y en principio de 1852 se ve arrastrada la gente. Hay poco grano que vender, va a 4 y 5 rs. ferrado, mas no hay un ochavo en la gente, ni para pan ni vino, y no habiendo venta para esto, no hay para los tributos.

La sequía que hay años afligió muchas provincias del reino se extendió a Galicia para castigo de Dios por la desmoralización que cunde, y así es que casi no llovió desde San Juan de 1851, y se cogió poco maíz y casi ningunas patatas, único alimento de la clase media y de todos los labradores; poca hierba seca y ningunos nabos. Se siembra tarde el centeno, no hay esfollata y perece el ganado. Hubo un pulgón en la verdura y en 15 días la devoró toda, y con la seca no nació la que se sembró, y la gente sin pan, maíz, patatas, verduras, nabizas, ni más legumbres, con cerdos flaquísimos, pues no hubo con que cebarlos, se ve y verá en angustias.

Nota Importante
D. Luis Bravo Murillo, ministro de hacienda, abogado, queriendo aumentar los fondos del tesoro real inventó extender el uso del papel sellado a cuanto alcanzó su imaginación, no perdonando a los libros de las iglesias, y en la instrucción para llevarlo a efecto en el capítulo 3º de la ley de 8 de agosto de 1853, dice así:
Art. 17 - Se extenderán en papel de sello 3º de 4 rs.:
5º Las copias o certificados de las partidas sacramentales, o de defunción.
Art. 18 - Se extenderán en papel de sello 4º (20 cuartos)
8º Los libros de las santas iglesias metropolitanas, catedrales, colegiatas, y parroquiales.
Art. 19 - Se extenderán en papel de sello de oficio (2 cuartos)
10º Los libros sacramentales o de defunción.
Art. 21 - Todos los libros mencionados en este capítulo (es el 3º) se renovarán anualmente costeándolos las respectivas corporaciones.

El Católico de 30 de octubre de 1851 trae la representación que un prelado español hizo al gobierno sobre los perjuicios que causaba esta orden y concluye “Es verosímil que estas razones movieran al rey D. Fernando VII a derogar, como lo hizo, el art. 50 del R. Decreto de 16 de febrero de 1824 en lo concerniente a libros parroquiales”. Con éste se presentaron otros muchos y solo consiguieron que pudiese hacerse un libro para muchos años en fecha 20 de noviembre de 1851. Todo esto puede verse en un cuaderno suelto que pongo al cabo del libro de fábrica.


Año 1852


Estado religioso y político del reino


En 1849, 1850 y 1851 se han celebrado muchísimos sínodos provinciales en los Estados Romanos, Nápoles. Alemania, Piemonte, Francia y hasta en Prusia, lo que no se hacía por largos años, menos en España, por falta de libertad de los ministros liberales.

Por informe de los Sres. Obispos, señaló el gobierno en 1852 el número máximo de monjas que puede admitir cada convento con licencia para admitirlas.

En el mismo año se completó el nombramiento total de prebendados en las Catedrales y Colegiatas que quedaron según el nuevo concordato, y desde ahora cesaron en Orense las ocho canonjías cardenalicias y presbiterales que había.

En mayo del mismo quedó expedita, según el concordato, la facultad de los Sres. Obispos para ordenar a título patrimonial y de las pocas capellanías que han quedado, (después de 18 años de prohibición de ordenar).

Suceso lastimoso para el clero. Habiendo parido la reina Dña. Isabel II la primera infanta, y habiéndola presentado en su Real Capilla el 2 de febrero de 1852, al salir de allí para repetir en Atocha el mismo acto y pasar por una galería atestada de gente, acompañada de una lucidísima Corte, y entre el Cardenal Arzobispo de Toledo y el Nuncio de Su Santidad, D. Martín Merino Riojano, presbítero fraile gilito de S. Diego, secularizado antes de la expulsión de 1835, y nacional exaltado que insultó al rey Fernando VII en las calles de Madrid, fugándose a Francia en 1823 donde estuvo hasta 1842, metido entre la muchedumbre y fingiendo presentar a la reina un memorial, arranca un puñal de Albacete y con gran fuerza tiró el golpe al pecho de la reina, y no queriendo Dios que muriese, resbaló por el corsé y fue herirla al vacío derecho. No repitió el golpe porque se lo impidieron. La reina sanó a los ocho días. El regicida a los siete días, después de degradado sufrió la muerte de garrote, y la misma tarde fue su cuerpo reducido a cenizas y echadas al viento. Solo los malos se metían liberales para serlo peores.

Siguió la sequía de 1851 hasta 17 de mayo de 1852 en que empezó a llover tanto que no nació sino poco maíz, patatas y demás legumbres, y no aclaró el sol hasta 18 de julio. En seis días se hizo la siega del pan y se acabó de recoger con agua, que volvió, naciendo el grano en las medas cubiertas de verde, y no aflojó hasta el 18 de agosto en que empezaron las majas, repitiendo el agua, y no se pudo sembrar el centeno en septiembre, sino en ocho de noviembre. Nació mal, siguiendo la lluvia hasta fin de diciembre, anunciando malísima cosecha para 1853, y como no se cogió maíz, ni patatas, que se pudrieron las más, amenaza un año de hambre para el siguiente.

La desmoralización se aumenta. La codicia es general y la usura sobre todo. Como ahora no hay tullas de los prioratos ni curatos, acude la gente a los usureros que en la primavera prestan dinero a cuenta de grano a desprecio, ganando ciento por ciento, y así empobrecen del todo a la gente, a lo que contribuyen las exorbitantes contribuciones.


Año 1853


Siguen provistándose las catedrales y obispados según el último concordato, y se pagó a todos casi todo el año. El nuevo Sr. Obispo promueve con mucho celo el auge del seminario, aumentándose el número de colegiales y estudiantes, que ya andan todos de (in antro.t).

En 6 de mayo de 1853 comunicó el nuncio de su Santidad a los Sres. Obispos la facultad de conceder los grados académicos en los seminarios diocesanos, el de Bachiller en todos, y el de Licenciado y Doctor en los de Salamanca, Toledo, Valencia y Granada, pues las Universidades de ahora son del todo seculares.

En 30 de enero de 1853 se casó el emperador de Francia, Luis Napoleón III, con una española, Eugenia de Montijo, hija de un Grande de España.

Siguió en 1853 un temporal destemplado. En enero hubo cuatro días de sol, en febrero tres, en marzo dos y medio, en abril quince días, en mayo seis, en junio doce, en julio 27, en agosto nueve, en septiembre 17, en octubre ocho, en noviembre siete y en diciembre ocho, total 118 días de sol. Llovió hasta el 10 de marzo, en que empezaron las nieves hasta último de mes en que empezó el hambre, y se agravó tanto que en mayo y junio tuve que mantener diariamente 40 familias. En Madrid se formó una Junta de Socorros presidida por el Patriarca gallego y los demás gallegos, donde se reunieron las cuantiosas limosnas del reino, de algunos obispos de Francia y de su emperatriz, de Portugal, y hasta 40.000 reales de una gallega casada con un banquero muy rico de Londres, de La Habana y otros sitios. Todo se libraba en Madrid, y la Junta lo repartía a las cuatro provincias, y cada obispo a cada arciprestazgo, y éste a los curas. Aunque por acá cargó mucho, fue mayor en las montañas de Lugo, Mondoñedo y Santiago, donde morían algunos de hambre. Nuestros pecados y la general relajación provocaron la Justicia de Dios.

Llevo 48 años y medio de cura, desde 6 de septiembre de 1806. En 1808 entró un ejército francés en España que trastornó el gobierno, arrancó del reino a Carlos IV y su famosa mujer María Luisa de Parma, llevó cautivo a Fernando VII. Un tío y hermano, D. Carlos, invadió todo el reino, todo lo trastornó y entonces empezó la secta liberal, que continuó el trastorno en lo político y más en lo religioso, desmoralizando de tal modo el reino y su gente que la mejor parroquia de ahora era la más mala de entonces. Todos los vínculos sociales y religiosos se han roto y nada está donde debía estar si hubiera orden.


Año 1854


Estado religioso en 1854


Definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María Santísima en 8 de diciembre de 1854.

Si mis 78 años me los permitieran haría aquí una relación muy circunstanciada de cuanto precedió a la declaración y definición del dogma de la Inmaculada Concepción de María Santísima, y empezaría por trasladar aquí lo que dice sobre esto la venerable Sor María de Jesús, abadesa del convento de la Inmaculada Concepción, de Villa de Agreda en Burgos, en su obra de la Mística Ciudad de Dios, parte primera, libro primero, capítulo 19, número 301, exponiendo el capítulo 21 del apocalipsis en la Concepción de María Santísima, versículo 23, que dice “Y los Reyes de la tierra llevarán a ella su honor y su gloria” digno de leerse, y en especial el número 305 y el 306 de dicho artículo 19.

En España ya se hizo algo, y se mandó que cuantos recibiesen la Institución canónica de algún beneficio, o recibiesen algún grado académico en las universidades, o algún oficio del Estado, jurasen todos defender este misterio, y así se hacía cuando la institución del curato. El Rey Carlos III fundó la orden de su nombre de la Inmaculada Concepción, e hizo grandes esfuerzos en Roma para la definición de este dogma, que estaba reservado para el sumo Pontífice Pío IX, a quien Dios preparó con muchos trabajos, teniendo que ausentarse de Roma disfrazado y de noche en 24 de noviembre de 1848, (véase el folio 170 vto., y el 171), llegando a Gaeta en Nápoles. Desde allí expidió una encíclica en 2 de febrero de 1849, (véase en seguida del folio 176), en la que anuncia su ánimo de definir este dogma, y consulta a todos los obispos de toda la cristiandad para saber sus sentimientos, los de sus cabildos, clero y fieles de sus diócesis sobre este punto.

Véase la adjunta exposición impresa de cuanto precedió a esta definición a que sigue otro impreso de lo que pasó en la asamblea del Vaticano las vísperas de la definición, asistiendo unos 200 Cardenales, Patriarcas, Arzobispos y Obispos, que concurrieron de las cinco partes del mundo convidados por su Santidad, y presenciaron esta definición en la Catedral de San Pedro en 8 de diciembre de 1854. Así, la Inmaculada Concepción de María Santísima Madre de Dios es ya Dogma de Fe, no sólo por la definición del Sumo Pontífice Pío IX, sino por la de toda la iglesia manifestada por todos sus obispos, cabildos, clero y fieles de todo el mundo, y consta en la Bula Ineffabilis Deus publicada en Roma en 8 de diciembre de 1854.

Me complacería unir aquí la Bula Ineffabilis Deus, y otros muchos impresos, que manifiestan el gozo con que fue recibida de los españoles esta definición. Díganlo las fiestas de Iglesia que se hicieron en el reino de dos y tres días. Tengo 78 años, asistí 10 años con mi Excmo. Amo en la Catedral a cuantas solemnidades hubo, mas nunca se transformaron las catedrales como templos grandes como se hizo ahora para celebrar la definición solemne de la Inmaculada Concepción, llegando en Madrid y otras Catedrales e Iglesias parroquiales hasta adornarlas por fuera, sin olvidar sus altas torres. Todo ha sido, y todo se ha hecho con la mayor magnificencia, y no hay memoria que jamás se hayan hecho fiestas iguales, y con muchísima razón, pues, mucho más que cuanto se ha hecho y aun podido hacer, lo merece el objeto de estos cultos. Con la Bula Ineffabilis quedará la relación de las fiestas del cabildo de Orense. Su Santidad Pío IX, para solemnizar más esta definición, convidó para que de cada reino fuesen a Roma todos los cardenales ausentes, y se reunieron 54, 42 arzobispos y 99 obispos. De España fueron el Cardenal Arzobispo de Toledo, Arzobispo de Santiago y Obispo de Salamanca, total 195.

Habiendo el Excmo. Sr. Arzobispo de Laodicea, Nuncio de su Santidad en España, comunicado en 6 de mayo de 1853 a los Sres. Obispos del reino lo acordado en el Concordato último sobre conferir los grados académicos de Bachiller, Licenciado y Doctor en los Seminarios de Toledo, Valencia, Granada y Salamanca para Teología y Cánones, y el de Bachiller en todos los demás seminarios para que pudiesen conferirlos, se confirió en el de Orense por el actual Sr. Obispo, con asistencia de todos los catedráticos de él y del Instituto y varios capitulares de la catedral, el grado de Bachiller en Teología a tres colegiales internos en el curso de 1854.

Estado de la iglesia de España.

Se pasaron once años gobernando la nación los liberales moderados desde la expulsión del soldado Baldomero Espartero, Duque de la Victoria, hijo de un carromatero de Granátula en la Mancha, progresista, enemigo y perseguidor de la iglesia, en 1843 cuando la nación se levantó contra su gobierno pues era Regente del reino. En estos once años hubo sus altos y bajos para la iglesia, como queda dicho en cada uno, y al cabo se hizo un concordato con la Corte de Roma en 1851. Su Santidad se detuvo bastante en confirmarlo, temiendo si volvían los progresistas al poder, y no se engañó. El Señor, tan ofendido y cada día más, no bastando la peste del terrible cólera morbo o más bien Cólera Dei que diezma los pueblos que invade, ni otras muchas plagas con que el Señor visita la España, permitió volviesen tomar el mando los progresistas por medio de una revolución que empezó en julio de 1854 en Madrid, y resonó en Zaragoza, donde la Junta llamó a Espartero, que vivía en Logroño donde se casara ya antes de 1843 con la hija de un comerciante muy rico. La Reina lo llamó a la Corte y le encargó la formación del ministerio que propuso, quedando él de presidente sin cartera, y para Gracia y Justicia trajo a aquel Pepe Alonso que había sido antes de 1843 el azote de la iglesia y de los obispos y clero. Aunque viejo, y con un mal crónico y peligroso, no desmintió su carácter anterior, e inmediatamente empezó a dar leyes contra la iglesia, obispos y clero, en las que al paso que los abatía, minaba el último Concordato con Roma y lo falseaba.

Todo mudó. Volvieron los nacionales obligando a todos a servir por fuerza, y a los que no podían les echaban una contribución mensual de 5 a 50 rs., incluso al clero y los obispos. En Madrid formaban 22.000, y hasta en Orense había 500. Todo el orden que se había establecido en la iglesia con apoyo del concordato fue trastornado y a principios de 1855 amenaza a la Religión días amargos. Como si los españoles viviésemos como salvajes, dispuso este gobierno formar Cortes constituyentes de una sola cámara para el 7 de noviembre de 1854, dando las más amplias facultades y libertad en elegir diputados. Así salió una cámara de moderados, progresistas, republicanos, socialistas y comunistas, impíos los más y desmoralizados. Tales árboles y plantas no pueden dar frutos buenos, y el tiempo dirá y diremos si el Señor nos alarga los días hasta fin del año, y en especial de la nueva Constitución, de la que se anuncian que contendrá cosas nuevas en punto de religión.

Cólera morbo. Hemos hablado otros años de este terrible azote con que el Señor Nuestro Dios castiga todas las naciones para contenerlas de la general desmoralización que cunde por ellas, siendo más de extrañar en nuestra España, antes tan religiosa con la ayuda del tribunal de la Santa Inquisición que abolieron los impíos liberales de las Cortes de Cádiz en 1812. Y desde entonces se fue extendiendo más en cada trastorno en el gobierno del Estado entre los liberales, señalándose más períodos en que los progresistas gobiernan por la persecución a los Sres. Obispos, curas y cabildos, mayor licencia y libertinaje de la prensa, mayor circulación de libros prohibidos, folletos inmorales, escándalos públicos sin apoyo en las justicias para cortarlos, falta de cumplimiento pascual, blasfemias y palabras lascivas proferida en todo sitio público. Para castigo pues de tanto pecado público descarga sobre España todo género de tribulaciones, y entre ellas la peste, que si afloja en unos pueblos se aumenta en otros.

Galicia, por la intercesión de nuestro patrono y aposto Santiago se fue librando de este terrible azote, mas como dice la Escritura “unos a rogar y otros a maldecir, ¿a quién oirá Dios?”. Creció tanto la maldad en este reino que permitió Dios que en un barco que llegó a principios de 1854 al lazareto de Vigo con algunos apestados del cólera, la comunicó a este puerto de mar, pueblo de los más relajados de España. Allí estuvo estacionado algún tiempo, luego pasó a Pontevedra y a muchas parroquias del contorno, y hacia el Carballino, y salta a S. Pedro de Moreiras y Sobrado del Obispo avisando a los de Orense, y aunque esta ciudad se preparó y trató de aplacar la ira de Dios, no llegó a calmarla del todo, y entró la peste en la ciudad.

No fue por la fuerza que en otros pueblos, ni cundió toda ella, sino la mitad del medio día. Era el mes de octubre y la gente sin distinción hizo los mayores esfuerzos de devoción, haciendo una solemnísima procesión a S. Roque que salió de la Catedral. Siguió por el sitio apestado a la puerta da Aira, entrando en la carretera y siguiendo por ella hasta la fuente del Rey, subiendo a la Plaza del Hierro, Santo Domingo, Campo de las Mercedes y rematando en S. Francisco, en cuya iglesia colocaron la Imagen de S. Roque. Iba en ella el Cabildo Catedral con sus hábitos corales, cruz, ciriales, toda la tropa sin armas, seminario, curas y clero, hombres y mujeres, todos y todas con fachas y velas encendidos que dejaron todo al santo para que ardiese diariamente, y la congregación de capellanes de la catedral le daban culto y todos los vecinos del pueblo. Con esto, y otras obras de devoción y penitencia, el Señor perdonó a la ciudad, donde no murieron sino unas ochenta personas y cesó en principios de noviembre de 1854.  Formándose otra procesión igualmente solemne, fueron desde la catedral a buscar a S. Roque a S. Francisco, se le tuvo misa de acción de Gracias, sermón y Tedeum. El convento de San Francisco fue el hospital de los coléricos.


Oídium tuckerii. Otra tribulación con que nuestro Dios aflige a la España, es la peste del viñedo de 1854, a que han dado el nombre de Oídium tuckerii. En lo natural se atribuye a unos grandes fríos y humedades que hubo en mediados de mayo y poco calor en verano. La hoja de la vid se cubrió de un polvo blanco y negruzco que la hizo blanca, y cayó, pasó a las varas y cubrió los racimos, poniéndolos asquerosos a la vista, despidiendo un olor desagradable, y en vez de madurar la uva detuvo su crecimiento y reventaban los granos.


Año 1855


Estado de la iglesia

Muy doloroso es hablar del estado de la Santa Iglesia Católica en tiempos de persecución de los impíos filósofos y liberales. Díganlo las Naciones donde gobiernan estos hombres de maldición. Dígalo la antes poderosa España, y ahora la miserable. Poderosa cuando florecía en religión, ricas mitras, empezando en Toledo que valía once millones, ricas catedrales con dignidades de 50.000 ducados como la de Toledo y Madrid. Hasta en Santiago había el arcedianato de Sar de muchos miles de ducados, el de Narón, hasta en Mondoñedo uno de 10.000 ducados, y la lectoral de 50.000 rs. En Valencia, Cuenca, Plasencia había dignidades opulentas, y hasta en Orense el decanato y arcedianato de Varonceli valían 40.000 rs. cada una, el de Castila 30.000 rs., maestrescuela 22.000 rs.; canongías como Toledo, Cuenca, Plasencia y Santiago de 70 y 80.000 rs. Curatos riquísimos en este obispado como S. Payo de Abeleda de 10.000 ducados, Villavieja mucho más, Entrimo subía de 100.000 rs., Ginzo de 100.000 rs., S. Eusebio de la Peroja subió un año a 140.000 rs.; Sta. María de Melias a 70.000 rs., y otros muchos de 40,50, 60.000 rs. y hasta me valió 22.000 rs. en 1815.

¿Y qué diremos de los mil y tantos monasterios, conventos de monjes y religiosos de todas las órdenes de hombres, y de los mil ciento y treinta de mujeres, y de sus grandes rentas? Muchos miles de hombres y mujeres, todos españoles, los ocupaban con los innumerables sirvientes que sostenían la religión y el culto, promovían las artes y las ciencias, y repartidos como estaban eran de grandísima utilidad. Basta echar una ojeada sobre este obispado, empezando por Osera, Escorial de Galicia, que formaba una gran villa, cuyos fondos llegaron en los últimos años a medio millón. Era de bernardos, donde estuve muchas veces, comí y dormí, y en muchos de sus prioratos, y donde tenía un hermano monje. Bajando hacia el Carballino se halla más adelante el monasterio de bernardos llamado de S. Clodio (San Claudio), casa matriz como Osera, en que había noviciado. Siguiendo el Avia se hallaba a la entrada de Ribadavia un convento de franciscanos, y dentro de la Villa otro de dominicos. Dando desde allí vuelta por la izquierda a los confines del obispado y raya de Portugal se llega a Monterrey, donde había un colegio de jesuitas y otro convento de franciscanos, ambos fundación de los Condes de Monterrey. En Verín el convento de mercedarios. En medio de la Limia había otro de franciscanos llamado del Buen Jesús, en la feligresía de San Lorenzo da Pena. En el Llano de Celenova había otro monasterio de benedictinos, fundado por San Rosendo, obispo de Padrón, con las rentas y bienes que heredó de su padre el Conde de Sande y Marqués de Bande. Era casa matriz, y en su altar mayor está a un lado el cuerpo de su fundador, y al otro el cuerpo de S. Torcato (Torcuato), discípulo de Santiago, Obispo de Guadix; es edificio magnífico. En la sierra de Caldelas hay otro monasterio de bernardos, y en la tulla de su casa se juntaban 40.000 ferrados de centeno, a mas de otros prioratos. Junto a Los Milagros había otro de bernardos en Junquera de Espadañedo. Sobre el Sil, a dos leguas de aquí camino de Monforte hay otro monasterio de benitos llamado S. Esteban de Ribas de Sil, de tres claustros, uno mayor que la plaza de Orense, a más de otros prioratos tenía el de Rosende y el de Santa Cristina de diez mil ducados cada uno de rentas. En la villa de Allariz hay un gran convento de monjas de Santa Clara, y en Orense había uno de jesuitas que ahora es Seminario, otro de franciscanos que está de cuartel, y otro de dominicos en que hay la diputación y oficinas.

No hay obispado en España de menos conventos que Orense, y sin embargo el bien espiritual que producían, y el temporal con sus cuantiosas y largas limosnas que daban en los conventos y prioratos, rentas que perdonaban y otros mil bienes que dispensaba a sus contornos, enseñanza y estudios que daban que no es fácil decir. El que quiera saber lo que era España en lo religioso, y qué cabildos, conventos, hospitales y fundaciones piadosas había en cada ciudad, villa y lugares, tome cualquiera de los once tomos del Diccionario Geográfico Estadístico que en 1826 dio a luz de los reinos de España y Portugal el Dr. D. Sebastián Miñano, y vea lo que había en cada pueblo, y se pasmará como en tan pocos años desapareció todo, quedando solo vestigios en aldeas, donde no hubo quien comprase los conventos, pues en las ciudades y mas en Madrid, todos se transformaron en casas, comercios y almacenes, y cuarteles de tropa y la sala del Senado fue una iglesia, y alguna iglesia se convirtió en Coliseo y representación de comedias, y alguna en cuadras de caballos.

Todo esto es fruto del liberalismo, secta perversísima que abraza todos los errores, enemiga del cristianismo, que le causa más perjuicios que le causaron los herejes y el mahometismo, que dominando 700 años la España no destruyó el monacato como lo destruyeron estos españoles de raza de víboras, sin que haya distinción entre moderados y progresistas. Para aquellos, después que en muchos años fueron persiguiendo la iglesia y dando mil decretos para dominarla, para sacar la aprobación de las ventas de las rentas y bienes de conventos, catedrales y curas, admitieron un concordato con su Santidad, quedándose con todo lo robado. Mas al cabo de poquísimo, en julio de 1854, recobraron el mando los progresistas con el soldado Espartero a la cabeza, hijo de un carromatero de Granátula, en la Mancha, y nombrado por la reina Presidente del consejo de ministros, siendo él quien los propone.

Eligiendo para ministro de Gracia y Justicia, que es el que corre con los negocios de la iglesia, a sus mayores enemigos, siendo el primero José Alonso, de tristísimo recuerdo, que hizo y siguió haciendo en el medio año de 1854 cuanto mal pudo. Retirado por achaque de que murió luego, le sucedió su sobrino Dr. D. Joaquín Aguirre, canonista perverso, que siguió afligiendo más a la iglesia, destruyendo el concordato reciente con Roma, prohibiendo a los obispos ordenar, deteniendo las propuestas de los concursos hechos, y que no se abriesen otros, no se proveyesen curatos, ni mitras, y provistando cuantas prebendas vacaba a la corona.

Al medio año de 1855 le nombró Espartero por sucesor a Manuel Fuente Andrés, abogado editor del periódico Eco del Comercio, papel perversísimo liberal progresista libertino. Nada importaba Alonso y Aguirre junto a este malvado. Por nuevas órdenes suyas quitó la segunda enseñanza en los seminarios y mandó cerrar las cátedras de gramática, filosofía, física y adherentes. Solo dejó cuatro asignaturas de teología peladitas, sin escritura moral, concilios, ni más ramos necesarios para esta carrera. Mandó que cuando vacase algún curato se le diese cuenta antes de nombrar teniente, quien era éste, sus cualidades, y se esperase su aprobación.

Como si las pobrecitas monjas no hubieran padecido todo género de males, privaciones y persecuciones, cuando empezaban a respirar y admitir novicias, manda no profesar ni admitan más, y en agosto manda "ab irato" que dentro de un mes se desocupen todos los conventos que no tengan doce monjas y las metan en otros. Golpe cruel y tiránico propio de un perseguidor de la iglesia que afligió a monjas y a sus parientes y pueblos donde residían. Por entonces se agrava la peste de cólera Dei, y esto impidió un poco su ejecución, mas no volvió atrás este impío, ayudándole los gobernadores de provincias que escogidos por tales amos son obedientes servidores suyos.

Como las Cortes constituyentes se componían de la gente más desmoralizada, para trastornar más el reino, aparentaron aliviar la nación de las contribuciones de los moderados, dispusieron sacar en los últimos días de diciembre de 1854 la de consumos, que subía de ciento cincuenta millones, sin sustituirle otra. Resultando este gran déficit, al paso que se aumentaba el presupuesto con nuevos y crecidos sueldos, que no sabían cómo cubrir los ministros de hacienda y dejaban su puesto. Como el malvado Espartero lo dirigía todo, y la reina hace lo que le manda, buscó otro igual en un tal Madoz, catalán, quien discurrió acabar de vender los bienes y rentas de la iglesia que salvara el concordato con Roma de 1855, y para ello acudió a las Cortes, que todo lo aprobaron.

Pío IX encargó al Arzobispo de Toledo, confesor de la reina, la advirtiese no sancionar tal ley. En efecto, se presentó Espartero en Aranjuez y la reina se negó. Al otro día se presentan todos los ministros y amenazan destronarla, y aun llorando y más llorando se niega, hasta que la amenazaron quitarle su hija única y entonces cedió y sancionó la ley que se publicó en 1º de mayo de 1855. Es escusado decir que a cualquier novedad sobre la iglesia, y más sobre este nuevo robo y despojo, llovían las representaciones de los obispos, mas a nadie oían, y aun desterraron a algunos.

Vese el furor con que una gran gavilla de ladrones acomete una casa rica y el trastorno que causan en ella.  Así empezó el despojo de lo que faltaba por vender, y si cuando el hijo del carromatero de Granátula fue regente revolucionario del reino, escéptico de la venta la vez primera sobre las rentas diestrales de los curas, ahora nada se libra de la rapiña. Así se ve vender iglesias, capillas, diestros de curas, sin que a alguno le dejen para coger unas coles, aunque la ley deja la huerta aneja a la casa del cura. Mas los comisionados regios, escogidos entre los sanadores de Madrid, llegan como sanguijuelas hambrientas a saciarse en la iglesia, e interpretan la ley según su codicia, y no se trata de mas que robar. Y para muestra de cómo se activan las ventas de los fondos de la iglesia, obras pías, beneficencia y demás ramos comprendidos en la ley de desamortización de 1º de mayo de 1855, estampo y copio de la Gaceta de Madrid la adjunta relación.

Hasta 16 de enero de 1856 van adjudicadas 5.363 fincas del estado bajo el tipo de 73.435.534 rs. y han producido en venta 145.847.365 rs. Los censos redimidos hasta igual día son 5.691, su importe 22.052.815 rs.

Se preguntará ¿Cómo subieron tanto la tasa? Porque ésta se hizo muy baja, y como se dan diez años para pagar, y en el primero solo se paga la décima, y en los siguientes dan los frutos, y se paga en papel, como quien dice de balde. Así se arruina la Nación.

El nuncio de su santidad en Madrid Monseñor Franchi protestó en Madrid contra todas y cada una de las novedades que iban saliendo contra la iglesia, y viendo su Santidad que no eran oídas de este gobierno impío y revolucionario, le mandó salir de España, como hizo en 19 de julio de 1855. El gobierno hizo un Memorandum para justificarse, tan pobre de razones, sin dignidad y tan despreciable que lo fue de todos. Roma le contestó tan victoriosamente punto por punto que debió avergonzarse el gobierno, si tuviera honor y religión.

Las Cortes, compuestas de una cámara popular, y llamadas constituyentes de una nueva constitución, como si hasta ahora fuéramos salvajes, compuestas de 250, la mayor parte pillos. Empezaron en 1º de noviembre de 1854, pararon en 19 de julio de 1858 y volvieron a seguir en 1º de octubre. En este tiempo armaron su constitución, donde la base 2ª, que habla de la religión del estado, está en términos tan capciosos, que dio que hacer mucho y escribir a los obispos y periódicos religiosos, para que se aclarase y cerrase la puerta al protestantismo, mas sin fruto. Aunque no está publicada al fin de 1855, con la protección de los ministros Aguirre y Fuente Andrés salieron en los periódicos liberales y republicanos folletos, hojas sueltas, impresas en Londres, doctrinas heréticas e impías inductivas al protestantismo y a la democracia.

Hay en las Cortes un montón de republicanos, y a su cabeza D. José María Orense, de Laredo, Rafael Degollada de Barcelona, Mariano Batllés, médico de Valencia, lector de su universidad liberal. En Madrid mismo hay tres periódicos demócratas, y aunque alguna vez se delatasen algunos artículos, el jurado, compuesto de gentes de todas clases, los absuelven, aunque sus escritos sean heréticos y trastornadores del orden público.

Las Cortes tienen ya concluida su nueva constitución pero no la publican porque, como en ella se establecen dos cámaras, tienen que cesar las actuales y elegir las nuevas. Para perpetuarse en el mando dicen que quieren hacer las leyes orgánicas de ayuntamientos, diputaciones provinciales, imprenta, milicia nacional y otras muchas más y que salgan todas juntas, que será sabe Dios cuando. Entretanto aumentan oficinas, sueldos crecidísimos y hacen subir el presupuesto de la Nación a mil setecientos millones al año, cuando en tiempo del último rey Fernando VII solo subía a seiscientos millones.

Aunque pagan al clero es siempre esquilmándole uno o dos meses cada año y tarde, mal y arrastro. Siendo sus asignaciones tan cortas, se dispuso en el concordato con Roma de 1855 no se hiciese en ellas rebaja alguna, mas los progresistas la hacen empezando por 10 por ciento a los menores y 20 por ciento a los obispos, y para el siguiente año de 1856 rebajan a todos el trece por ciento, y ya se pagará todo el año y con puntualidad.

Cólera morbo, o más bien dicho Cólera Dei. Como en el gobierno de los progresistas se aumenta tanto la desmoralización, y en los periódicos liberales, y hasta en las mismas Cortes, se vierten las doctrinas más disolventes, y la voz libertad suena a cada momento, creen las gentes que tienen libertad para vivir como quieran sin freno ni temor de Dios, ni del infierno, en una palabra, sin fe. Como no se castigan los delitos, quien jura y maldice y blasfema a todas horas, se provoca cada vez más la ira del Señor, sin que baste a contener la gente los castigos del cielo en la destemplanza e irregularidad de las estaciones, inundaciones y desbordes de ríos que entrando en ciudades las arruinan y convierte en lagos, arrastra pueblos, perecen gentes y ganados, hay incendios y mil males, y no bastando para contener a los pecadores y pecadores públicos, suelta el Señor el terror de la muerte con la peste cólera, ocultando su remedio después de tantos años como corre las cinco partes del mundo.

En el año 1855 afligió tanto a España, que la invadió toda, no quedando ciudad ni pueblo numeroso que no corriese, y hasta aldeas pequeñas, aunque no todas, haciendo innumerables víctimas, cebándose en los hombres y mujeres más viciosos en ira, lujuria y borrachera, sin perdonar a viejos ni a niños. En Orense acudieron a la penitencia y oración y aun murió mucha gente, y en algunas parroquias, aunque no vino a ésta, el Señor nos visitó desde el mes de octubre con tales fiebres y cortados que en los tres meses últimos hubo la mortalidad que se ve en el libro de difuntos.

Oidium Tuckerii.- Peste de las viñas. Después que esta peste corrió algunos países extranjeros y algunas provincias de España, acometió a Galicia en las mejores riberas, como son todas las del Miño, la mayor parte de las del Sil, y del río Avia y sus contornos. En la cosecha de 1854 y 1855 no se cogió ningún vino limpio en la gran ribera de Orense y sus inmediaciones. Fue preciso viniese para ésta y otras provincias todo el vino desde Castilla y partido de Toro, y Valdeorras, donde lo hubo en 1854 pero muy poco en 1855 en la parroquia de Petín e inmediatas.

Venían recuas, paraban en el pueblo del Pinto de Ordelles, donde ocupaban la noche en mezclarle agua, y así lo llevaban a Orense y a todas partes. Todos bebíamos vino aguado de un color muy negro en virtud de composiciones que le hacían y hasta lo ponían espeso. El más caro que compré aquí fue a 28, 30 y 32 rs. la olla, y el moyo a 12,14 y 16 duros.


Año 1856

En 16 de julio de 1856 entré en los 80 años, gracias al Señor, sin la multitud de achaque que suele acompañar esta edad, aunque bastante decaído de fuerzas, y así seguí hasta el 25 de diciembre del mismo año, en cuyo día me levanté, dije las tres misas y prediqué con desembarazo. Mas como en tal día cayese tal copia de nieve, que por aquí duró tres días, y en los contornos y sierra dura tres semanas, me tomó el frío de tal suerte que me sentí, aunque sin dolor, resentido del lado izquierdo de la cabeza al pie, bastante impedido de brazo para lavar la cara y alzar la Santa Hostia y el Cáliz, y del pie que empezó a arrastrar sintiendo bastante debilidad para ciertas cosas que me obliga a no dar (por plena) estado religioso y político que de otros años.

Estado Religioso


Dejamos al fin de 1855 a la iglesia de España bajo yugo tiránico de los progresistas, y a su cabeza el impío soldado Baldomero Espartero, y el ministro de Gracia y Justicia el Dr. Joaquín Iriarte, tan perseguidor de la iglesia como fue su tío José Alonso que a poco de salir de Ministro murió. Entrado el año 1856 nombró Espartero otro ministro, Arias Uría, gallego de Betanzos, que persiguió a los confesores que no absolvían a los compradores de bienes eclesiástico, y sólo por delación de aquellos que venían estos encausados, procesados y condenados sin poderse defender. Entre tanto los iglesarios se vendían, y los que no, se arrendaban por comisionados regios, y las rentas lo mismo.

En 1º de mayo de 1855 el impío Pascual Madoz, catalán ministro de Hacienda, sucesor del judío Mendizábal, sacó a la plaza para vender los bienes de la iglesia, y en 11 de junio de 1856 iban vendidas 26.587 fincas rematadas en 442.948.000 rs. y redimidos 45.979 censos rematados en 108.055.000 rs.

Estado Político


Dejamos en diciembre de 1855 desgobernando la España el impío partido progresista bajo la presidencia de su cabeza Espartero, enemigo declarado de la Religión. Este partido siguió tirando rayos a la religión, prelados y clero hasta 14 de julio de 1856 en que compadecido el Señor de las Españas, dispuso que Espartero hiciese dimisión de la Presidencia del Consejo de Ministros y la Reina se la admitió. Ya en aquel día 15 y 16 se reveló la Milicia Nacional de Madrid e hicieron barricadas y anduvieron a balazos hasta que venció la tropa, y el general O'Donnell, hijo de un inglés que sucedió a Espartero. Nombró nuevos Ministros, y para hacienda nombró a un tal Cantero, que tomó tan a pecho la venta de los bienes de la Iglesia que ordenó las fincas que se habían de vender cada día, los expedientes que las oficinas habían de aprobar, y a los encargados de las ventas les previno no era tiempo de dormir, ni pasar horas de despacho sino de trabajar día y noche.

Con este impulso diabólico se aumentó la venta y perdieron los curas muchísimos diestros. La cosa iba de mal en peor y siguió hasta el 12 de octubre del mismo 1856 en que la reina echó del ministerio todo el partido progresista, volviendo el moderado, y a su cabeza el General Narváez, Duque de Valencia, quien se acompañó de otros Ministros templados.

Antes de este día, y en vista de la rebelión de la perversa milicia nacional, el mismo O’Donnell y su ministerio deshicieron tal milicia, origen de todos los trastornos. En seguido cerraron las Cortes nombradas constituyentes, compuestas de las próceres de la Nación, que hicieron una constitución democrática en que paliadamente admitían la libertad de cultos, a pesar de las vigorosas representaciones de todos los prelados del reino, obra de la que su avergonzaron seis autores, quedó por proclamar y sin concluir.

Como los progresistas todos son enemigos de la religión, en los dos años que mandaron, trastornaron el último concordato de 1855, hecho con Roma, de que hay copia al principio del libro de fábrica. El nuevo ministerio del Duque de Valencia anuló todos los decretos dados contra él, volviendo a los obispos la libertad de ordenar, abrir concursos y proveer curatos, también suspendió la venta de bienes eclesiásticos, sin declarar nulas las ventas que hizo la ley de rapiña y despojo de Pascual Madoz del 1º de mayo de 1855, ni devolvió a la iglesia los no vendidos. Al cabo, los moderados son de la secta liberal o libertina, que si no mandó vender los bienes de la iglesia, quién compró la mayor parte fueron los moderados y no los progresistas.

La Iglesia y sus ministros cobraron ánimo y respiraron, mas como mientras manden los liberales sigue la revolución, a fuerza de golpes irán acabando con los pocos bienes, que es el derecho, que dejaron ahora a la iglesia. Las pensiones en dinero son cortas, sisadas y mal pagadas, y solo Dios sabe cuál será la suerte de la iglesia de España, ayudando a su ruina el pueblo español desmoralizado ya del todo, presentando sin respeto y lleno de codicia a comprar los bienes de la Iglesia, cubriéndose de excomuniones y censuras eclesiásticas. La España no parará en seguir su destrucción política y religiosa mientras haya o mande un solo liberal o libertino, hombres sin religión y que la persiguen, pues la revolución sigue, tiene echado hondas raíces y hay muchos años que empezó, tiene adelantado mucho y destruido lo que nunca volverá a reedificarse. Díganlo los conventos.

Cólera morbo. Gracias al Señor, en todo el año de 1856 no retoñó esta ira de Dios en toda España.

Oidium - Peste de las viñas. Esta plaga del Señor que nos dejó sin vino en el otoño de 1854 y 1855, fue mayor y más extensa en 1856. No se cogió un racimo sano en toda Galicia, y así todos los maragatos y otros innumerables arrieros se hicieron tratantes de vino, no solo de Valdeorras donde ya no hubo tanto como los dos años anteriores sino de Castilla. Aquí lo compré yo de tierra de Zamora a catorce y más duros el moyo, mezclado de muchísima agua y otras composiciones, y hasta del partido de León lo compré aquí a doce duros bien flojo.

¡Quién diría a todo Galicia que había de faltar el vino de toda ella, y de sus riberas del Sil, del Miño y Avia en tres años seguidos, secando muchas cepas y arrancando muchas más para sembrar granos y patatas!. Lo más extraño es que habiendo oído Nuestro Señor las oraciones que se han hecho por el cólera Dei, no se hace ninguna rogativa por la peste del viñedo, y así sabe Dios cuando parará. Su causa inmediata son los fríos de abril y mayo, y las heladas con las lluvias de San Juan, "que tolle o viño e non da pan".

En los tres primeros días de marzo hubo sol descubierto, en abril solo un día, y en todo mayo ninguno. En Galicia sobraba vino, pues hasta yo cogía de diezmo 30 moyos, y en la huerta a 7, moyos y en Melias a 12 moyos. Véase ahora la diferencia de curatos comprando vino todo el año, hasta para las misas. Castigo visible del Señor para tanta borrachera como había, y ahora no se da un vaso de vino a ningún jornalero, ni en cavar, ni siegas, ni majas. Todos beben agua.

En medio de tantas tribulaciones como trabajan a España no se descuidaron los Sres. Obispos de expedir pastorales para la reforma de costumbres y aplacar la ira de Dios. Las que no solo circulaban para sus obispados sino para todo el reino por medio de los periódicos monárquicos y católicos. Los Sres. obispos franceses expedían también pastorales de tanto mérito que se traducían e imprimían en dichos periódicos. El Sr. Obispo de Anneli escribió una sobre la Revolución que leí, y siendo no poder dar aquí mayor parte, cuyo mérito se colegiría del impreso que se sigue, y donde se ve a la letra lo que los liberales de España y otros reinos hacen con la iglesia católica como individuos de tal revolución.


Año 1857


Estado Religioso y Político de 1857

No se cesó de imprimir cientos de periódicos diarios de todas clases en España, escribiendo cada uno de los liberales moderados, exaltados, republicanos, demócratas y otras clases, cuando les viene a cuento para seguir desmoralizando la nación. A lo que se agrega el nuevo Código Penal de los liberales que no pone penas a amancebados, disolutos y malvados, ni a los que no cumplen con el precepto pascual, se ve que el que no quiere, no cumple, el que no quiere tener mujer, tiene concubina, que despide cuando quiere y trae otra y viven así públicamente en la ciudad y aldeas, sin temor de Dios, ni vergüenza del mundo. Y después de esto, ¿qué hay más que decir? Lo dirán mis sucesores que yo apenas saldré de este año, y moriré con el desconsuelo de que mi parroquia queda tan desmoralizada casi como las otras.

En 1857 el oídium, o peste del vino, fue también general en Galicia. Toda la arriería se ocupa de traer vino de Zamora, León y otros sitios distantes lleno de agua y composiciones. Van cuatro años de peste, secan muchas cepas, y si dura dos años más secarán todas. Ya hay en Madrid una fábrica para hacer vino, aguardientes y licores de la planta Holco Saccarino de África, y del sorgo de China, que ya siembran en España y Canarias. Los que vivan, verán el fruto de estos inventos. El mejor remedio sería aplacar la ira de Dios y reformar las costumbres.

Notas:  rs. = reales (moneda) - mrs. = maravedís



Unidades de capacidad para líquidos:
1 Cuartillo = 0,57 litros
1 Azumbre = 4 cuartillos = 2,28 litros
1 Cuarta = 16 cuartillos = 9,12 litros
1 Ola (olla) = 32 cuartillos = 18,24 litros
1 Canado = 2 olas (ollas) = 64 cuartillos = 36,48 litros
1 Moio (moyo) = 8 olas (ollas) = 256 cuartillos = 145,92 litros

Monedas y equivalencias en 1868:
1 maravedí (mr.) cobre = 0,75 cts. de peseta
1 ochavo cobre= 2 maravedís = 1,5 cts. de peseta
1 cuarto cobre = 2 ochavos = 8 maravedís = 3 cts. de pesetas
1 real plata = 25 cts. de peseta= 33,33 maravedís
1 pesetas plata = 4 reales = 133,33 maravedís
1 escudo = 10 reales
1 duro o peso fuerte plata = 5 pesetas = 2 escudos = 20 reales = 666,66 maravedís
1 coronilla oro = 5 pesetas
1 escudo oro = 10 pesetas
1 doblón oro = 20 pesetas
1 onza oro = 80 pesetas

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