2022/03/08

Guerra ruso-ucraniana - Desinformación

 2022-03-05

Guerra ruso-ucraniana – Desinformación

Situados ya en el décimo día de la contienda, la guerra sigue inexorablemente su lenta progresión. Los noticieros televisivos reiteran las mismas imágenes con distintos actores: mareas de desplazados, mujeres y niños en su totalidad, ya que los hombres no pueden salir del país debido a su movilización, y testimonios de los desplazados combinadas con los efectos devastadores de la guerra ilustrado con las ruinas de los edificios impactados por los misiles rusos. Hay que significar que la información de las distintas televisiones de noticias internacionales es muy similar: Euronews, BBC World News, France 24, RAI News 24, DW News, CNN, solo por citar algunas.

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La opinión pública, fruto de esa avalancha informativa uniforme, en su casi totalidad está alineada con las tesis oficiales de los gobiernos de la Unión Europea. Putin es el villano y Zelenski el héroe. No deja de sorprender ver el cambio de actitud de destacados progresistas, alineados reiteradamente con posiciones pacifistas bajo el slogan de “No a la Guerra”, y “No a la OTAN”, que en este caso enarbolan la bandera del intervencionismo más contundente exigiendo el envío de armas, e incluso la intervención directa de la Alianza o los países de la Unión Europea. Su sectarismo los lleva a ignorar las funciones de ambos entes, sus limitaciones y circunstancias que avalarían su intervención, que actualmente no se dan, y cuya injerencia supondría una escalada bélica irresponsable que podría acarrear una guerra global con consecuencias apocalípticas.

Para evitar malentendidos, reitero que la guerra y a la invasión de Ucrania por parte de Rusia es condenable sin ningún paliativo. Igualmente hay que señalar que la figura de Putin es la de un autócrata, con un profundo sentimiento nacionalista que intenta superar la humillación sufrida por Rusia después del colapso de la URSS en 1991. Es un hombre inteligente, frío, calculador, que ha sabido conectar con el alma del pueblo ruso, al que ha devuelto su orgullo como Nación. Las carencias democráticas rusas son evidentes y las prácticas utilizadas por Putin son las propias de un autócrata para perpetuarse en el poder que no repara en medios para conseguirlo. Más positivo sería centrarse en estudiar las causas del conflicto y su solución, que entretenerse en ofrecer un retrato de Putin caricaturizado como Hitler o de calificarlo como un desequilibrado. Si no se adopta una postura responsable y seria, difícilmente se podrá encontrar una vía diplomática para resolver el conflicto.

Mi ideología personal es la de un liberal conservador, no militante en ningún partido ni organización de ningún tipo, lo cual me da la absoluta libertad de expresar mi opinión sin estar sujeto a ninguna limitación externa que pudiera condicionarla. Mis reflexiones y conclusiones son el fruto de mi bagaje cultural, de mis vivencias personales y del razonamiento basado en la información que recibo, y que procuro sea lo más diversa posible.

Sorprenden a fecha de hoy ciertos análisis de brocha gorda, con intencionalidad manifiesta, de identificar la Rusia actual con el comunismo. Tras el colapso de la URSS en 1991, el país modernizó sus estructuras políticas adoptando un sistema económico liberal. La ideología social es de tipo conservador, poniendo en valor su tradición imperial, apoyo a la iglesia ortodoxa rusa y el cultivo de los valores ético-morales tradicionales. En este camino de devolver al pueblo su orgullo como nación, se potencia el recuerdo de la grandeza del imperio de los zares, elevando la iglesia ortodoxa al zar Nicolás II y su familia a la santidad como mártires de la religión. Al mismo tiempo no se ha hecho tabla rasa del régimen marxista. No se valoran como positivos sus políticas, pero sí se ensalza la heroica lucha del pueblo ruso guiado por Stalin contra la invasión alemana. Ese nacionalismo conservador choca con el abandono de los valores tradicionales de occidente donde impera el pensamiento llamado progresista.

Ante la desproporción que supone la confrontación de la poderosa Rusia con la modesta Ucrania, he manifestado en mis posts anteriores lo irracional de este enfrentamiento que solo va a generar sufrimiento, destrucción, muerte y odio. En una guerra todos pierden, pero en este caso, en el terreno militar Rusia no puede perder y Ucrania no puede ganar. No voy a reiterar aquí los argumentos expresados anteriormente. Simplemente quiero hacer una reflexión de la falta de rigor informativo y de la manipulación social para conseguir imponer unas ideas marcadas por los gobiernos, y cuya esencia es manifiestamente discutible.

La opinión que yo sostengo es que esta absurda guerra podía haberse evitado aceptando las condiciones de Rusia, después de la oportuna negociación y acercamiento de posiciones con las oportunas matizaciones a las exigencias rusas. Estas mismas condiciones, muy probablemente, serán aceptadas en las negociaciones posteriores a la finalización de la guerra, después de un reguero de muertes, destrucción, sufrimiento y odios cuyos efectos perdurarán largamente en el futuro. Estas exigencias se pueden resumir en el compromiso firme de una Ucrania neutral fuera de la estructura de la OTAN, reconocimiento de autonomía para la región del Donbás y de la anexión de Crimea por Rusia, a la que históricamente perteneció. Hay que recordar aquí que Crimea, perteneciente históricamente a Rusia, fue “regalada” en 1954 por Krutchev a la RSS de Ucrania en conmemoración del 300 aniversario de la incorporación de ésta al imperio ruso. Curiosamente, Krutchev era ucraniano de nacimiento, y este regalo se hizo en un momento que nadie podía imaginar la implosión de la URRS y la independencia de Ucrania, con un efecto que se consideraba más un acto protocolario que de trascendencia política.

El General de Brigada J. Enrique de Ayala en una intervención en el programa La noche en 24 h, del canal 24 h de TVE, se mostró escéptico sobre la conveniencia de suministrar armas a la resistencia ucraniana, ya que no iba a cambiar el curso de la guerra y por el contrario incrementaría el sufrimiento de la población y el número de víctimas. Por otra parte, Ruth Ferrero, profesora de ciencias políticas de la UCM, es investigadora adscrita al Instituto Complutense de Estudios Internacionales y experta en el espacio postsoviético, en una larga entrevista en la revista cultural Jot Down, expone en profundidad la génesis del conflicto. Considero ese artículo un magnífico punto de partida para profundizar en el conocimiento de la situación actual y desarrollar un correcto análisis de la misma.

En todo el espectro político español, sólo han discrepado del discurso oficial de apoyo a Ucrania con envío de armas letales los partidos marginales o antisistema, como son Unidas Podemos, Izquierda Unida y Bildu. Y debo decir, y con pesar, que por primera y única vez coincido con su postura.

Por el contrario, es lamentable el ambiente general en las tertulias televisivas donde se jalea la guerra, se ensalza a Zelenski y se demoniza a Puntin, como si fueran contendiente en un ring de boxeo, ajenos a que esta postura supone llevar al patíbulo a muchos miles de ciudadanos ucranianos. Y sorprende aún más cuando esos mismos hooligans son los adalides del pacifismo, del respeto escrupuloso a las minorías, que se indignan si la policía española se defiende con porras contra las agresiones de los inmigrantes ilegales, de las heridas que estos pueden producirse al saltar las vallas fronterizas, o que se escandalizan cuando uno sólo de ellos se ahoga en su travesía suicida. Pero en este momento toca apoyar el papel de los héroes que mueren por una causa perdida, expectantes ante el resultado final como las masas de aficionados de un partido de fútbol de la máxima rivalidad.

Toda la información e imágenes que se suministran son sesgados y filtrados por la propaganda oficial de Ucrania con la supervisión de los expertos de la OTAN, en lo que es el objetivo de la batalla informativa consistente en conseguir el respaldo a la guerra de la opinión pública. Los corresponsales de guerra informan según los partes bélicos facilitados por las autoridades ucranianas ya que no tienen libertad de movimientos. Emiten sus crónicas en directo desde sótanos o refugios de hoteles, sin permitirles pisar la calle y visitar los lugares del teatro de operaciones en lo que es un acto de censura nunca antes visto en otros conflictos internacionales. Los medios rusos de información internacional, Rusia Today y Sputnik, han sido prohibidos en toda la Unión Europea bajo el argumento de que promueven la desinformación del conflicto. Esta decisión es un ataque frontal a la libertad de expresión, ya que cualquier telespectador podría contrastar la información recibida de esos medios con la correspondiente de los medios occidentales, desmontando el supuesto efecto de posibles bulos.

Fruto de esta campaña de información, totalmente filtrada y orientada por los medios oficiales, es la visión claramente sesgada de la realidad que llega al ciudadano, con imágenes interesadas facilitadas por las autoridades ucranianas para crear un clima de odio al invasor y de solidaridad con el agredido. Se pone el acento en los testimonios de los desplazados, mujeres y niños, ya que los hombres de entre 18 y 60 años no pueden salir del país quedando a disposición de las autoridades militares para incorporarse a la defensa cuando sean requeridos. Mayoritariamente también los ancianos se quedan, por razones obvias de que no podrían soportar el duro esfuerzo físico que supone la huida del país, además de que a su edad no quieren abandonar su hogar, esperando con resignación lo que el destino pueda depararles.

En el debate político y social, muy raramente y de forma casi testimonial, se analizan las causas políticas que dieron origen al conflicto y las consecuencias económicas para la Unión Europea de las sanciones impuestas a Rusia. El negro horizonte económico que se avecina al sumar a la guerra ucraniana los efectos de la crisis económica que ya arrastrábamos, con las consecuencias añadidas de la pandemia del covid-19 y la subsiguiente inundación de liquidez del sistema financiero, además de los irresponsables efectos de la agenda 2050 con la política energética que promueve para eliminar los combustibles fósiles sin alternativas reales inmediatas. El primer y grave efecto de los desequilibrios del sistema económico han sido la creciente y acelerada inflación, la caída de los mercados de valores, la subida en vertical de los costes energéticos y la desestabilización de mercados de materias primas esenciales para la actividad económica.

Frente a tantos y tan graves problemas, los gobiernos de turno, mayoritariamente formados por incompetentes demagogos populistas o burócratas profesionales alejados de la realidad, se escudan en que la crítica situación a la que nos vemos abocados es la consecuencia de imprevisibles factores externos ajenos a su gestión. Los medios de información, convenientemente dopados, llaman a la unidad y solidaridad de la ciudadanía para superar la dolorosa situación que se avecina, consiguiendo, además, tapar todos los escándalos previos que quedan olvidados y minimizados por la rabiosa actualidad de la guerra.

La opinión pública, carente de criterio y de información objetiva, acepta mayoritariamente las duras consecuencias que se avecinan con resignación fatalista, al menos por el momento, sin cuestionarse que son precisamente esos políticos de los distintos países los que con su inutilidad han generado la presente tragedia. El bloque más afectado por esta guerra va a ser Europa en beneficio de Estados Unidos y China, que se erigirán como árbitros mundiales. Europa va a perder peso específico mundial, quedando a los efectos prácticos como una colonia americana.

Estamos en guerra, ya que la guerra no se limita a los misiles y bombardeos, sino que también alcanza al comercio, las finanzas y la actividad industrial en general. La deriva que pueda tomar el conflicto en un futuro inmediato es incierta, haciendo votos para que la entrega de armas y apoyo a Ucrania, así como las duras medidas sancionadoras a Rusia, no supongan una escalada en el conflicto que lleven a una declaración de guerra por parte de Rusia contra los países de la OTAN. Un enfrentamiento directo entre ambos bloques tendría unas consecuencias presumiblemente catastróficas de dimensiones apocalípticas. El precio a pagar, en el mejor de los escenarios, es estremecedor. La Europa alegre y confiada que mientras suenan las bombas sigue muy concienciada debatiendo sobre la ideología de género, el multiculturalismo, la energía ecosostenible, el lenguaje inclusivo y las matemáticas con perspectiva de género, por citar sólo algunos de los temas considerados claves por el progresismo imperante. Inevitablemente no puedo evitar recordar lo que cuenta la historia sobre Bizancio. Cuando los turcos estaban a las puertas de Constantinopla para su conquista, los sabios bizantinos discutían sobre el sexo de los ángeles, en lugar de ocuparse de cómo combatir el inminente peligro que les acechaba.

Una vez más sugiero la reflexión de si merecía la pena tanta muerte, violencia, dolor, destrucción, penuria, odio y caos económico por una simple cuestión de “neutralidad”, elevada a la categoría de derecho esencial por la demagogia nacionalista ucraniana, respaldada por los burócratas de Bruselas.

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